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A 40 años del golpe militar, la Iglesia llama a «sanar el pasado»

La Conferencia Episcopal pidió reflexionar sobre "el período más oscuro de la historia".

Con ocasión de cumplirse este jueves 40 años del golpe militar que dio paso a la dictadura más sangrienta que vivió el país, la Conferencia Episcopal formuló hoy un llamado a afrontar y sanar” ese tenebroso período de la historia nacional.

“La vuelta a la democracia marcó el inicio de un camino de verdad, de justicia y de encuentro entre todos, que urge seguir transitando, para alcanzar la concordia y la amistad social”, dicen los obispos en una declaración.

El texto, de media carilla, comienza recordando que este jueves “se cumplen cuarenta años de la ruptura del orden constitucional y del estado de derecho. Un hecho que nunca más se debe repetir ni podemos olvidar”.

“Era -evocan- un momento complejo y difícil para toda la sociedad. Argentina vivía una escalada de violencia que culminó en el terrorismo de estado, protagonista de crímenes de diversa índole, entre ellos: la tortura, el asesinato, la desaparición de personas y el secuestro de niños”.

En ese sentido, consideran que “los argentinos no podemos dejar de preguntarnos cómo se pudo llegar al período más oscuro de nuestra historia. Sus consecuencias de enfrentamientos, dolor y muerte aún permanecen y se nos presentan como un pasado que tenemos que afrontar y sanar”.

“La vuelta a la democracia marcó el inicio de un camino de verdad, de justicia y de encuentro entre todos, que urge seguir transitando, para alcanzar la concordia y la amistad social”, agregan en la declaración titulada “Una fecha para no olvidar”.

Señalan que “el reconocimiento del valor de la vida, de la dignidad y de los derechos inalienables de la persona constituye la base indispensable de toda convivencia humana y del destino feliz de un pueblo”.

Finalmente, dicen que “la memoria del 24 de marzo, este año, coincide con la celebración del Jueves santo, día de dolor y de traición, pero también día en que Jesús manifestó su amor hasta el fin entregando la vida por nosotros. En su Sangre hemos sido reconciliados. “Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14) y el fundamento de una esperanza que nos impulsa a construir una sociedad auténticamente humana”.

“Su ejemplo nos ayuda a cicatrizar nuestras heridas en la verdad, el arrepentimiento, la reparación en justicia y el anhelo de alcanzar misericordia”, concluyen.

Fuente: Clarín