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Año bisiesto: Año de mitos

Cada cuatro años se agrega un día más a febrero y cuando eso sucede llegan los rumores: esperan catástrofes y niños que nacen con poderes sobrenaturales.

 

 

La llegada del 29 de febrero puede ser motivo de celebración o de nerviosismo. Los años bisiestos tienen curiosas tradiciones, pero también hay grandes catástrofes. Es que la excepción siempre motiva la atención, y este año toca un día más.

El conocimiento popular dice que la Tierra demora 365 días en dar la vuelta al Sol, pero en realidad, son 365,242 días. Esa fracción de casi un cuarto de día por año es la que suma cada cuatro años y así agregamos un día al último día de febrero y en lugar de tener 28 días, tiene 29, como ocurre este año 2016.

Los años bisiestos tuvieron su origen hace más de cuatro siglos, cuando en 1582 el Papa Gregorio XIII reemplazó el impreciso calendario Juliano por el calendario Gregoriano.

«Nuestros días están definidos en términos de las rotaciones de la Tierra y nuestros años en términos de la traslación de la Tierra alrededor del Sol. Una vuelta de la Tierra toma 365 días 5 horas y 57 minutos y, como no es número entero, las horas y minutos sobrantes se acumulan», explica el astrofísico Andreas Reisenegger.

César Fuentes, investigador del Centro de Astrofísica y Técnicas Afines (CATA) en Chile, explica que si bien hay un año bisiesto cada cuatro años, esta regla no siempre se cumple. «Por año, hay casi un cuarto de día que queda. Pero como es un poco menos de un cuarto, en cuatro años no se alcanza a completar un día, por lo que hay que sacar tres años bisiestos cada 400 años», señala. Es por eso que el año 1700, 1800 y 1900, no fueron año bisiesto, pero sí lo fue el año 2000.

¿Qué ocurriría si no hiciéramos esta adecuación? «Se empezaría a acumular un error entre la posición de la Tierra durante su vuelta al Sol, que es lo que uno quiere medir con el calendario, y los días calendario. En cuatro años, es solo un día de diferencia y probablemente no lo notaríamos, pero si no lo hiciéramos en 100 años, estaríamos desfasados en casi un mes y ahí sí nos cambiarían las estaciones, la posición de las estrellas, por ejemplo», señala Fuentes.

 

Adecuaciones

En el año 46 a. C, el emperador Julio César, pidió al astrónomo Sosígenes de Alejandría que calculara nuevamente cuántos días tenía un año solar. ¿El resultado? Al calendario romano que entonces utilizaban y que ya había sido adecuado, le seguían faltando días por lo que se agregó un nuevo día en febrero cada cuatro años.

Dieciséis siglos después, el papa Gregorio XIII, reunió a sus astrónomos y pidió calcular nuevamente porque las estaciones y solsticios no coincidían con el calendario. Entonces se dieron cuenta que en todo ese tiempo se habían acumulado 10 días de desfase por lo que del jueves 4 de octubre de 1582 se saltaron al viernes 15 de octubre de 1582.

¿Por qué sumamos el día extra en febrero? Cuando se iniciaron los días bisiesto, se agregó a febrero que entonces tenía 30 días. Bisiesto, significa seis días antes del mes de marzo por lo que se sumaba entre el 23 y el 24 de febrero. Paralelamente, los emperadores Julio César y César Augusto quisieron tener sus meses (julio y agosto) con 31 días. Por lo tanto, cuando estuvieron a la cabeza del imperio, quitaron días de febrero y los sumaron a los meses que llevan su nombre, dejando a al segundo mes del año (que antes tenía 30 días y 31 en los bisiestos), con solo 28.

 

Mitos que sòlo son eso

Desde su aparición se dice que los años de 366 días están ligados a malos augurios y presagios. Aunque parezca sorprendente, los acontecimientos de la historia se han encargado de reafirmar la creencia popular de que en este tipo de años ocurren grandes desgracias, como la Primera Guerra Mundial en 1914, la cruenta Guerra Civil Española que de 1936 o la apertura del campo de concentración de Auschwitz en 1940.

Sumado a esto, connotados asesinatos como el de John Lennon (1980), Robert Kennedy (1968), Martin Luther King (1968) y Mahatma Gandhi (1948) han sucedido en años bisiestos, lo que alimenta las sospechas de las personas. «Cualquier cosa fuera de lo normal, la gente tiende a asociarlo a supersticiones, pero no tiene ninguna base científica», afirma Reisenegger.

Aunque la ciencia lo descarta porque se trata de una corrección del calendario, Cristián Simoneti, antropólogo y académico chileno, asegura que el conocimiento sobre la naturaleza es una mezcla entre las supersticiones y las ciencias exactas. «Sería un error pensar que solo la ciencia moderna apunta hacia la verdad y no se rige por el conocimiento popular y supersticiones».

Antiguamente se pensaba que los nacidos en años bisiestos podían poseer poderes sobrenaturales o malignos. Hoy no existe esa connotación negativa, pero nacer un 29 de febrero sigue siendo algo especial. En Irlanda existe la familia Keogh, en la que miembros de tres generaciones nacieron en dicho día.