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Incidentes en el Encuentro Nacional de Mujeres en Mar del Plata

Una columna se desvió del recorrido oficial y realizó escraches frente a la Catedral. También arrojaron piedras y la policía intervino con balas de goma y gas.

Una de las tradiciones de los encuentros nacionales de mujeres es la marcha. Se trata de uno de los espacios a partir del que, las organizadoras y participantes de tamaño evento, buscan visibilizar sus problemáticas y, sobre todo, reafirmar y dar a conocer a los cuatro vientos sus necesidades y reclamos. Este año no fue la excepción y decenas de miles de mujeres se concentraron en las calles céntricas de Mar del Plata para hacer oír su voz colectiva.

Lamentablemente, la movilización, que se inició de manera pacífica, fue opacada por graves incidentes, con enfrentamientos, aparición de grupos encapuchados, con palos y piedras, e intervención policial con gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a la multitud.

Los hechos más graves se produjeron frente a la Catedral. Intervinieron grupos de ultraizquierda que derribaron una reja. Del otro lado, un grupo liderado por el dirigente de ultraderecha Carlos Pampillón realizaba una «guardia», con el fin de «custodiar» la Catedral, como se consignó en una convocatoria previa.

Se produjeron desmanes, intervino la policía -hubo gases lacrimógenos y disparos de balas de goma- y tres mujeres resultaron demoradas, las cuales, al cierre de esta edición, permanecían en el Pasaje Cedier, mientras 300 mujeres reclamaban su liberación.

La comisión organizadora local del encuentro había evitado en el diseño de la marcha el paso por la Catedral. De todas formas, como ya había ocurrido en anteriores ediciones del encuentro en otras ciudades del país, una columna se desvió del recorrido original y acudió hacia el templo de San Martín y Mitre, para «escracharlo». Los movimientos participantes en esta marcha se encuentran totalmente enfrentados a la posición de la Iglesia, sobre todo en cuanto al aborto. Las manifestantes expresaban sus consignas y, desde las escalinatas, grupos católicos les respondían.

Pero la situación se complicó cuando en el sector de la Catedral aparecieron varios hombres encapuchados y con palos, generando momentos de tensión, entre las dos facciones y hasta voltearon las rejas. Separados apenas por un cordón policial, grupos de fieles, se acordonaron en las escalinatas para «proteger el templo».

Por otra parte, en distintos sectores del centro se reportaron incidentes. Automóviles dañados, más pintadas, vidrios rotos y pequeñas revueltas, según los pedidos de intervención que recibían las patrullas por radio. También se constataron pintadas y daños en el local del PRO de Belgrano e Hipólito Yrigoyen.

Munidas con aerosoles, sténsiles, carteles y pegamento, varios grupos de participantes iban plasmando las consignas de la marcha y del encuentro y otras diferentes en paredes y vidrios de las avenidas Luro, Independencia y de la calle 11 se Septiembre. Esta actitud se replicó luego por distintas calles del centro.

Reivindicaciones y recorrido oficial

La movilización llegó a ocupar unas 30 cuadras, con las columnas organizadas por movimientos y por provincias, todas con pancartas con sus consignas y con los nombres y las imágenes de las mujeres fallecidas como consecuencia de la violencia de género.

Cinco minutos después de la hora prevista, y al canto de «olé, olé, olé, olá, ni una menos, ni una más, gritemos todos emergencia nacional», las más de 60 mil mujeres participantes del 30º Encuentro Nacional comenzaron a moverse por la Avenida Independencia.

Otros cantos que acompañaron la mayor parte del recorrido de la marcha fueron «Mujer escucha, únete a la lucha» y «A pesar de todo les hicimos el encuentro», en referencia a las complicaciones financieras, de apoyos y gestiones que en algún momento hicieron peligrar la realización del encuentro.

El recorrido de la marcha no fue ni espontáneo ni casual. Al contrario, tuvo una gran carga de simbolismo, relacionado con una lucha que lleva años.

De este modo, las distintas paradas buscaron resaltar y valorar algunos logros y, por otro lado, llamar la atención sobre los reclamos que aún no encuentran solución.

La masiva concentración se realizó en la esquina de Luro e Independencia. Desde allí, por Independencia caminaron hacia 11 de Septiembre, para llegar a la primera parada: el edificio donde funcionó el prostíbulo La Posada, cuya habilitación fue revocada y cerró.

Por 11 de Septiembre continuaron hasta Corrientes y por allí hasta Luro, para llegar, a la Sede del Tribunal Oral Federal de Mar del Plata.Allí valoraron un hito para la lucha: la sentencia en la causa «Dulcinea», el primer caso de un prostíbulo local que llegó a juicio oral y público.

Desde allí continuaron por Santiago del Estero, pasando frente a la delegación local del Ministerio de Trabajo de la Nación, donde aprovecharon para denunciar la precarización laboral de las mujeres, especialmente en el sector de la industria del pescado. Una vez más, como desde hace años vienen haciendo, reclamaron «igual remuneración por igual trabajo».

Por Santiago del Estero siguieron caminando hacia Brown y llegaron hasta la sede de Tribunales de la ciudad, para hacer una última parada en un lugar que consideraron «simbólico», porque es al que han concurrido en numerosas ocasiones para reclamar justicia y para acompañar a muchas víctimas de violencia de género. Entre los casos paradigmáticos, las organizadoras recordaron los de Rocío Girart, Victoria Montenegro, Laura Iglesias y Miriam Flurim.

Desde allí continuaron por Sarmiento hasta el Boulevard Marítimo, desde donde se dirigieron hacia la plazoleta Almirante Brown, para concluir la movilización frente a los Lobos.

A lo largo de la extensísima columna de manifestantes, los cantos, los gritos de consignas, las batucadas y las intervenciones -cuerpos pintados, grupos con pelucas para homogeneizarse- se multiplicaban. Pero en todos los casos, el pedido era similar: «Basta de violencia», «Basta de femicidios», «Basta de trata y legalización del aborto». A ellas, las participantes de distintas provincias y ciudades agregaban los reclamos de justicia por sus mujeres víctimas.