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A la ministro Molina la realidad le quema los ojos

La ministro de Educación sancionaría a una funcionaria de su cartera que, en una entrevista con Radio Fueguina, se limitó a dar datos de la realidad. Reconocer los hechos tal como son nunca fue una virtud de la gestión Ríos.

La dinámica poblacional de Tierra del Fuego -se sabe- es por lejos la más destacada en el mapa nacional y supera todo tipo de cálculos y de planificación, si la hubiera.

Qué decir lo incómodo que es para un gobierno que jamás planificó, que vivió de sofocar la emergencia y que, en su incapacidad para desarrollar obras públicas de dimensión por sus propios medios, dependió desde siempre de la ayuda que pueda llegar desde el Tesoro Nacional.

En ese marco, y conforme a una situación repetitiva desde hace algunas décadas, es más que sabido que el año próximo, una vez más, la demanda de bancos en la escuela va a superar a la oferta disponible, aun cuando (como se dijo, con fondos del gobierno nacional) algunos establecimientos educativos nuevos vendrán a paliar –pero no resolver- esa dificultad.

La diferencia, el beneficio para la actual gestión es que, con un poco de picardía, el silencio como táctica, la mentira como método comunicacional, es posible patear la pelota para adelante, dejarle a la próxima gobernadora unos cuantos problemas que deberían haber resuelto a tiempo los funcionarios que se van en diciembre.

Sandra Molina es uno de estos últimos. De los que se van y tendrían que entregar “la casa en orden” en diciembre.

Se adivina que no será así, pero Molina, negadora compulsiva, acostumbrada a esconder la cabeza frente a los problemas y apelar a la obsecuente gacetilla como canal de comunicación, prefiere tapar el sol con las manos si es necesario y apelar a que “se jodan los que vienen” sin hablar para nada de los problemas que dejamos como herencia.

Lo que dijo en Radio Fueguina para el programa “Un gran día” la supervisora de Nivel Inicial Adriana Salguero no es ni más ni menos que lo que cualquiera puede imaginar. Que el año que viene (como todos los ciclos lectivos) la demanda de aulas y bancos va a superar a la oferta y ello será particularmente notorio en barrios que han tenido un crecimiento desmesurado y en los cuales el Estado (que siempre llega tarde) demorará mucho tiempo en cubrir la necesidad de más establecimientos educativos y sanitarios.

Esa sola advertencia, casi de perogrullo, bastó para que saltaran chispas desde el ministerio de Educación, que la ministro Molina diera los pasos necesarios para sancionar a la “imprudente” (sic) funcionaria y saliera por “su” radio Nacional a oscurecer la cuestión con sus aclaraciones.

“No sé por qué se anticipa que no vamos a tener vacantes”, duda Molina, sacando de contexto y desvirtuando las palabras exactas de Salguero a quien acusa de “generar preocupación en la población”.

“Tenemos pendiente una conversación”, advierte y amenaza, con tono dictatorial dejando en el aire que el destino de Salguero en este gobierno ya está sentenciado. Pero inmediatamente admite que “Es cierto que hay dos instituciones en Río Grande que tienen una demanda muy grande respecto de las vacantes porque son dos urbanizaciones de mucho crecimiento y no alcanza a cubrir la cantidad de vacantes». Ni más ni menos que lo que Salguero había anticipado. ¿Dónde está la “imprudencia”?

Claro, el problema no es que la Supervisora se haya equivocado o haya mentido, su error fue violar la estrategia de años de Molina de callar, ocultar, silenciar, rehuir el debate. Uno piensa que, si es necesario, hasta se animaría a alegar que “parece una rata pero es una paloma”, lo que acaban de ver en el patio de la escuela.

A continuación, cae en el inevitable acto fallido de admitir que va a apelar a su “experiencia” para dilatar la cuestión hasta que otro sea el ministro que ocupe su lugar. «En febrero ya no nos toca el proceso de inscripción, pero vamos a hacer todo lo posible para ayudar y proporcionar nuestra experiencia para solucionar todo lo necesario», saca pecho sin esperar una repregunta que nunca llegará.

“Corta la bocha”, diría un mediático tristemente célebre. Estirar, chicanear y que la bomba le explote a otro en las manos. En febrero, cuando Ríos, Molina y los suyos ya estarán gozando de las merecidas vacaciones que la liquidación final por los servicios prestados les ha de permitir. No sin antes haber sancionado como corresponde a la “imprudente” que se animó a hablar de la realidad que todos conocen, menos los funcionarios.