La tapa del diario Tiempo Fueguino ha sido por siempre el panel documental donde muchos lunes a lo largo de la historia, ha quedado reflejado el resultado de las mil y una elecciones que la Tierra del Fuego ha tenido la ocasión afortunada de celebrar.
La portada de este lunes 13, sin embargo, no podrá sumarse a esa tradición. Es que, insólitamente, a los editores del diario se les “olvidó” dar cuenta en destacado del resultado de la elección interna del Movimiento Popular Fueguino, algunos de cuyos candidatos resultan ser, precisamente, los responsables empresariales del periódico que cambió de manos el año pasado.
Este pequeño dato anecdótico, más ligado al mundillo periodístico, resulta sin embargo, un signo elocuente de cuánto les costó a muchos asumir el resultado de ambas elecciones disputadas el domingo, y acomodarse a lo que la realidad de las urnas les puso frente a sus ojos y a su soberbia de pies de plomo.
Algunos ganaron y buscan sacar el máximo provecho de ello, y otros tantos perdieron, aunque se escuden tras el remanido latiguillo de “ganó el partido”.
En términos de pérdidas “materiales” quizás el más perjudicado sea el legislador y presidente del MPF Jorge Lechman, quien creía asegurado el segundo lugar en la lista que lo llevaría a la reelección y, de pronto, por dictamen de las urnas, quedó en un puesto 14to. que lo pone a años luz de toda posibilidad de repetir.
Pero su caso quizás sea el más contundente de un resultado que debería servir para que todos los legisladores deban pensar en ir poniendo las barbas en remojo. Es que son varios (¿acaso quince?) los que creen que desde una banca en la Legislatura, habían asegurado su destino político y de pronto, después de cuatro años de mediocre gestión colectiva, terminan Lechman, Blanco, Rodríguez y Martínez de Vernet pagando un precio que podría extenderse al resto cuando se sometan al mismo examen el próximo 21 de junio.
Ante tan duro dictamen propinado por las urnas, la sorpresa pudo más y los legisladores no supieron hacer gala de su supuesta muñeca política para explicar la derrota (o al menos el resultado mucho menos gratificante que el esperado).
Quizás Pablo Blanco fue el más rápido de reflejos cuando, a minutos de terminado el escrutinio, salió a atacar a un no participante de la elección como el Intendente Melella. Después bajaría el tono, hasta daría unos pasos atrás, pero ya había logrado el objetivo de que, entre las primeras repercusiones, no se hablara de cómo una lista empujada por tres legisladores, con todo el aparato y hasta el caballo del comisario ensillado, había resultado perdidosa frente a los votos en blanco y sintiera en la nuca el aliento de una lista integrada por candidatos que apenas superan la categoría de militantes veteranos.
El resto, nada pudo aportar: la desaparición de escena Pipo Rodríguez, que había apoyado explícitamente a una lista opositora aunque Blanco proclama hasta el cansancio que “trabajamos para el proyecto” oficialista. Los desacuerdos para ensayar un análisis entre los candidatos del MPF oficialista. Todo contribuyó para que, por falta de gimnasia electoral, los dueños de la pelota hicieran que la derrota pareciera todavía más gravosa de lo que fue.
Acostumbrados a ganar “por decreto”, enfrentar a las urnas resultó una gimnasia que a muchos sorprendió fuera de estado.
Haciendo memoria, cuesta mucho recordar una interna genuina dentro del MPF, un partido donde las “listas de unidad” son una tradición. Esta vez se dio, y ganó la oposición. Es que, tal vez, ha llegado la hora de escuchar de verdad a los afiliados, bajándose del caballo de la soberbia y del manejo feudal de los partidos.
Al fin y al cabo, si hay que ponerle un título a la combinación de resultados del domingo, tal vez el más ajustado a la verdad sea algo así como “la revancha de los afiliados”. Habrá que tomar nota y dar paso a la humildad.
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