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Juicio por coimas: “No sé quién es Guille”, testimonió Tapia

La supuesta víctima de un pedido de plata para acelerar el pago de letras del Estado se negó a acusar al único imputado, el ex presidente del IPRA Adrián Arias, y negó saber a quién iría destinado ese dinero.

Arias_Tapia

Oscar Tapia (en primer plano) «no quería» denunciar a su compadre Arias. Pero se vieron las caras en la sala de juicio.

Un misterioso “jefe de la banda” al que todos niegan conocer, una víctima que se resiste a apuntar al supuesto culpable porque es su “compadre”, un abogado denunciante desaparecido de la escena, dos videos que son contundentes como prueba pero parecen no alcanzar, y otro video fundamental en el entramado, del que nadie quiso hablar.

Son apenas algunos de los ingredientes del extraño y polémico juicio por supuestas exacciones ilegales que se lleva adelante en la sala de juicio del Distrito Judicial Norte y que debe finalizar esta misma semana.

Oscar Tapia es el empresario de la construcción que en 2007 realizó trabajos para Vialidad Provincia y cobró con Letras de Tesorería que el gobierno siguiente (ya en 2008) se negaba a pagarle, aunque el expediente “no presentaba irregularidades”.

Adrián Arias es un amigo personal de la gobernadora Ríos que, en su condición de (por entonces) presidente del IPRA le habría exigido a su amigo y compadre Oscar Tapia una suma de dinero de entre 40 mil y 60 mil pesos para “apurarle el trámite”.

“Guille” o “Guillermo” es el oculto personaje (probablemente un alto funcionario de gobierno) que sería el destinatario del dinero de la coima, según se desprende un video realizado con cámara oculta por el propio Tapia con su compadre Arias como único co-protagonista.

El cortometraje aficionado, de 11 minutos de duración, habría sido captado en la casa familiar de Arias y fue proyectado en la sala de juicio bajo la atenta mirada de testigos, acusados, funcionarios, jueces y hasta un grupo de diez alumnos del colegio María Auxiliadora que asistieron al debate como parte de su formación escolar y que soportaron estoicamente las 5 horas de una sesión plagada de testimonios poco convincentes y silencios cómplices.

“Yo no quería denunciar a nadie, el video era una garantía para mí, nada más, pero no quería darlo a conocer”, lamentaba desde el banquillo de los testigos la supuesta víctima, mientras su amigo y presunto victimario lo miraba a dos metros de distancia sin ánimo aparente de agradecerle el gesto.

Contra el deseo de Tapia (o al menos eso aseveró) el video tomó estado público y Arias terminó abrasado por el escarnio de la acusación de corrupto.

Es que, según su relato, el empresario quiso proteger su filmación guardándola en un DVD y para eso le pidió a otro “amigo”, (al que llamó “Chelo”) que bajara el archivo a una computadora y le entregara la copia respectiva. El tal “Chelo” resultó ser no tan amigo, curioso y voluntarioso por demás. En ausencia de Tapia, descubrió el contenido y encontró conveniente poner en conocimiento de su primicia al más mediático de los abogados del foro local, un tal Alejandro de la Riva, famoso por denuncias contra funcionarios presuntamente corruptos.

Tal como esperaba “Chelo”, de la Riva inició el raid mediático y judicial que terminó en el procesamiento de Arias, dando curso al primer juicio por coimas que registra la historia judicial de Río Grande.

“Chelo”, todo un experto no declarado en temas informáticos, resultó llamarse Sergio Guzmán, según le informó al presidente del Tribunal en el momento pertinente, al desfilar como tercer y último testigo de la audiencia. Argumentó que creyó “hacerle una gauchada” a Tapia difundiendo el video, en tiempos en que la empresa del constructor iba camino a la quiebra, lapidada por las deudas del gobierno provincial, aún después de haber pagado parte de la coima que parecía no haber satisfecho las apetencias de “Guille”.

“Chelo” asegura que Tapia había dado su consentimiento para que de la Riva haga del video el éxito de la temporada 2009. Tapia lo desmintió y repitió convencido que no era su intención denunciar a su compadre. No fue la única contradicción entre ambos. El constructor asegura que la cámara oculta se realizó con una lapicera espía que “Chelo” le había facilitado. El experto informático lo negó rotundamente y un careo habría sido más que oportuno, pero entre tanta mentira solapada, aclarar el punto pareció no importarle a nadie en el recinto.

Entre el 2009 y el día del juicio pasaron muchas cosas. No queda ningún “Guille” en altos cargos del gobierno, Tapia parece haber perdido a sus dos “amigos” pero sigue negado a pasar de la condición de testigo a la de querellante, en tanto de la Riva declinó ser denunciante, desapareció de la escena y fue el gran ausente en la sala de juicio.

Antes de los alegatos y desde Ushuaia, la capital de la nieve y de los operativos mediáticos, algunos ya buscaban ayer demoler la acusación aludiendo a supuestas nulidades. “Guille” no está en el gobierno pero desde las sombras parece seguir teniendo alguna injerencia en el pensamiento de algunos funcionarios judiciales y medios de comunicación.

Este miércoles serán los testimonios. Nada se hablará de “Guille” ni de otro abogado liviano de escrúpulos que también apeló a la cámara oculta para dejar “pegado” a su cliente y que declaró como el testigo más intrascendente que se recuerde en la sala de juicio del campamento YPF. Quizás los estudiantes presentes se habrían informado algo acerca de la ética de los letrados si alguien le preguntaba al testigo para qué filmó subrepticiamente a su cliente, pero no era jornada para preguntas distractivas y, al fin y al cabo, el presidente del Tribunal acababa de descubrir que se hacía tarde para el almuerzo.

El veredicto, que pondrá fin al suspenso, será no antes del jueves. El Tribunal de Juicio necesita meditar un poco más de lo habitual. Al fin de cuentas se necesita mucha creatividad y una alta dosis de ecuanimidad para resolver un caso en el que nadie quiere lastimar a nadie, en el que todos (acusadores y acusados) son amigos o “compadres” y además hay que estar seguro de que no quede impregnada sobre el piso de la sala ninguna pista que lleve a saber quién es “Guille” el verdadero héroe enmascarado de la película.

"Chelo" intenta saber si es el DVD que le dio a su amigo Tapìa. Ambos parecieron no coincidir en ningún tramo de sus testimonios.

«Chelo» intenta saber si es el DVD que le dio a su amigo Tapìa. Ambos parecieron no coincidir en ningún tramo de sus testimonios.