Fue un partidazo desde lo emotivo. Fue otro eslabón más en el crecimiento canalla. Fue ante un rival al que Russo lo miraba con recelo. Y se ganó otra vez. Ante un Rafaela que dejó pasar una gran ocasión y que después no supo cómo hacer para contrarrestar los argumentos más anímicos que futbolísticos que le mostró Central. El canalla puso el corazón y lo dio vuelta.
Ya Russo lo había dicho. De local, Rafaela era uno de los perores rivales que le podía tocar. En la semana, el DT había dicho que los argumentos para sostener esos dichos eran el orden y la efectividad de la Crema en los últimos partidos. Sus razones tuvo.
Porque a pesar de un arranque arrollador del canalla -en los primeros 30 segundos del partido tuvo dos llegadas claras sobre Conde, la segunda una de Luna que no alcanzó a definir-, el local fue aflojando el ritmo y Rafaela no la dejó pasar.
En ese primer tercio del primer tiempo, Central se paró mejor en base al gran despliegue de Encina y Medina por derecha, las subidas de Ferrari por izquierda y la movilidad de Luna por todo el frente.
A los 2′ no llegó Lagos para definir y Central parecía consolidar su dominio territorial. Parecía, claro. Sólo parecía.
De a poco, Rafaela se las ingenió para explotar las cualidades de sus delanteros, Albertengo y Vera y el manejo de Canuhe por izquierda. Con esos argumentos, la Crema comenzó a explotar las poco comunes imprecisiones de una defensa que hoy se mostró dubitativa. Así, a los 5′, Caranta se esforzó para tapársela a Vera, que se le había escapado a Donatti.
Y a los 14′, con un Central que había perdido la línea y que ya no tenía claridad, Albertengo recibió a espaldas de la defensa un buen pase de Canuhé desde media cancha, esquivó a Caranta y definió. Hasta allí, la visita le daba la razón a Russo.
A los 19′ Carrizo le pegó mordido y no pudo definir pero Rafaela daba la sensación de producir más zozobra cada vez que recuperaba la pelota en la mitad de la cancha y buscaba a sus puntas. Así, a los 27, Vera se metió otra vez de una estática defensa y se apuró al definir por encima de Caranta.
Baliño no cobró un claro penal de Garcé a Luna a los 28′, pero eso fue una anécdota en medio del dominio rafaelino. Y si no, otra muestra fue a los 36′, cuando Caranta le tapó de manera brillante el segundo a Canuhé.
Hasta el final, Central fue con más orgullo que fútbol y la Crema se paró bien y apostó a la contra.
El segundo tiempo fue de esos «de otro planeta». Porque hubo de todo, porque tuvo una intensidad altísima y porque Central lo terminó ganando con el alma. Que para los tres puntos alcanza. Y cómo.
Todo fue raro. Porque a los 4′, Baliño cobró adentro del área una falta de Peppino que fue afuera y el uruguayo puso el 2 a 0. Parecía que la noche se venía en Arroyito.
Sin embargo, tres minutos más tarde Eluchans lo bajó a Medina en el área, y se fue expulsado. Pero Conde -un gran atajador de penales- se lo detuvo a Carrizo, aunque del centro posterior al rechazo apareció Encina para, de cabeza, descontar.
Central fue con el alma, con Encina como abanderado, la levantada de Nery, la presencia ahora del Loco Abreu en la ofensiva y los encuentros que intentaban Medina y Carrizo, que fallaban en el ciere.
Rafaela bajó un cambio y sólo apostaba a las apariciones de Albertengo y Vera o alguna jugada de Canuhé. A los 15′, el uruguayo le perdonó la vida a Caranta, rematando junto al palo izquierdo del arquero.
Central iba e iba. Tratando de manejar su nerviosismo y apostando a jugar al toque, aunque no siempre saliera.
Y a los 21′ llegó el primer gran estallido en el Gigante. Carrizo se mandó por izquierda, pivoteó con Luna en el área, se la llevó Medina y el chaqueño sacó el remate cruzado para poner el 2 a 2.
Parecía negocio después de lo que se había sufrido. Sin embargo, con Encina, con Abreu como referente de área y con Carrizo, Central fue. Rafaela aguantaba y lejos parecía de aquel equipo que asumió el protagonismo en la primera mitad.
A los 36′ llegó otro momento clave del partido. Rodales quiso rechazar en el área y cometió penal. Acomodó Abreu, tranco lento y el remate fue rechazado por Conde nuevamente. Parecía que no entraba más.
Hasta que a los 41′, Castillejos, que había entrado por Luna, metió un cabezazo en el borde del área chica y, por el segundo palo, apareció Encina para empujarla y desatar la segunda gran explosión en Arroyito.
Central fue por un poco más pero ya había hecho suficiente. En un partido de alto riesgo, jugado con el alma, Central dejó por un momento de lado el fútbol y vino a ofrecer su corazón.
Fuente: La Capital

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