Resultó mucho más que un traspié el que sufrió River frente a Vélez. La derrota fue un condicionante para el futuro del técnico Matías Almeyda al frente del plantel. El clásico con Racing, el domingo en el Monumental, será un examen que tendrá que aprobar el entrenador para extender el ciclo, aunque el desgaste, el abatimiento, y el escaso respaldo de los dirigentes impiden proyectar a largo plazo el trabajo del Pelado.El desconcierto futbolístico motiva, desde los días en la primera B Nacional, descontento en quienes acompañan al presidente Daniel Passarella. No es casual que desde el círculo más cercano al Káiser se insista con que llegó el momento de dar un golpe de timón. Los insultos y el repudio de los hinchas genuinos hacia la figura de la máxima autoridad del club de Núñez, después del segundo tanto de Vélez, y el grito de guerra que significó el pedido para que regrese Ramón Díaz se presentan como señales que Passarella aceptaría como válidas, ya que no pretende ser nuevamente, como sucedió en el descenso, la cara visible del fracaso.
Los tironeos entre los dirigentes y Passarella sobre Almeyda no son nuevos, aunque el Káiser no dudó en renovar el vínculo con el técnico, consumado el ascenso. Pero la conformación del plantel, ciertos volantazos que aturden a los jugadores, algunas decisiones desconcertantes que tomó Almeyda, la insustancial tarea del equipo en la mayoría de los encuentros del torneo -apenas en el empate con Newell’s se esbozó una modificación-, las siete unidades de diferencia que ya lo separan del líder Boca… son algunos de los argumentos que se esgrimen para sostener que el tiempo del DT se agotó.
La lista de reproches también incluye la ausencia de una identidad de juego, la insistencia para retener a Manuel Lanzini, ahora sin lugar en las últimas convocatorias y por quien Fluminense acercó una interesante oferta para renovar el préstamo; la aparición de Facundo Affranchino, que integraba la nómina de futbolistas prescindibles, para revertir el desconcierto que atormentaba al conjunto frente a Vélez; la medida de dejar ir a Lucas Orban a Tigre cuando el plantel no tiene un lateral izquierdo…
El panorama para programar el encuentro con la Academia no aparece sencillo para el técnico. Las convocatorias de Leonardo Ponzio, Marcelo Barovero y Rogelio Funes Mori al seleccionado le impedirán trabajar con tres piezas titulares. La expulsión de Ramiro Funes Mori empujaría a Almeyda a ensayar con una línea de tres zagueros, con Jonatan Maidana, Germán Pezzella y Jonathan Bottinelli. ¿Las razones? Las alternativas para continuar con una defensa compuesta por cuatro jugadores derivarían en trasladar a Luciano Abecasis al sector izquierdo, recurrir al juvenil Diego Martínez -un mes atrás fue operado de apendicitis y se entrena con la Reserva- o desempolvar a Carlos Arano, un jugador resistido por los simpatizantes.
Pero mientras Almeyda reacomoda piezas, los nombres de posibles reemplazantes circulan por Núñez a espaldas del Pelado. Los hinchas ya dieron su veredicto en Liniers, y Ramón Díaz es el elegido de la gente. El riojano desechó una oferta millonaria del fútbol chino, y aunque se mantiene en silencio, los contactos para reconstruir el camino están en marcha. El DT más ganador de la historia del club manifestó en varias oportunidades su deseo de volver a dirigir a River, pero los egos entre dos personalidades fuertes -Ramón y Passarella sostuvieron varias desavenencias en el pasado- pueden significar un escollo para el desembarco. Las presencias del médico Gustavo Ríos y el técnico de la reserva Gustavo Zapata deberían ser consensuadas, ya que Díaz mantuvo cortocircuitos con ellos.
Ramón es el preferido de los hinchas y de los dirigentes, quienes entienden que la espalda del riojano es la única que puede soportar los vaivenes que ya son costumbre en River. Sin embargo, no es el que más seduce a Passarella, que se inclina por Pedro Troglio, actualmente en Gimnasia y Esgrima La Plata, mientras que Marcelo Gallardo asoma algunos escalones más abajo.
Fuente: Canchallena
