
Independiente es un equipo copero. No hay que buscarle más explicaciones al buen encuentro de ida que jugó el Rojo por los octavos de la Sudamericana. Más allá de que el rival era el modesto Liverpool charrúa, y de que en el final encontró un descuento de oro, el equipo del Tolo Gallego no sólo jugó bien y ganó con merecimiento, sino que cortó una racha de ¡17! partidos y 150 días sin victorias. Demasiado para un club de su envergadura.
Pero más allá de la superioridad de Independiente, la clave de la noche pasó por los momentos en los cuales pegó. De entrada de vio un equipo avasallador, que salió a pasar por arriba a los uruguayos y, a los 6’, ya estaba en ventaja por un gol de Fabián Vargas, que se desvió en un defensor. Junto con Zapata, el colombiano movió los hilos del medio y fue una de las claves del match.
A pesar de que Independiente sacó un poquito el pie del acelerador y concedió varias faltas innecesarias cerca de su área, Liverpool llegó poco con claridad. Apenas algún chispazo de Carlos Núñez, que con sus 20 años peleó solo contra la última línea local y en el final tuvo premio. Pero en el inicio del complemento, el Rojo volvió a golpear. En una jugada donde se reclamó una mano de Villafañez, la bola derivó en Vargas que sacó el centro y Paulo Rosales, de aire y de forma sutil, la acomodó contra un ángulo.
Pudo llegar alguno más (un cabezazo de Galeano, otra de Rosales) pero para el Rojo ganar ya era un gran motivo de festejo. Empañado un poco en el final por el golazo de Núñez, que puso el 1-2 a los 40’ ST. Igual, los hinchas, que por sectores colgaron banderas dadas vuelta, no se olvidaron del crudo presente a nivel local y despidieron a su equipo entre palmas y un aviso para el partido con Unión: “El domingo, cueste lo que cueste…”. Para preocuparse por la Copa hay tiempo: la vuelta será casi en un mes. Y el Rojo lo mete en cuartos tanto la victoria como el empate. Y en caso de perder por un gol, el único resultado que lo deja afuera es el 0-1.
DEPORTIVO QUITO – TIGRE
En un primer tiempo con varias llegadas, Tigre pudo ponerse en ventaja con un cabezazo de Pérez García. En el otro arco, el otro García evitó el gol de Congo. Ya en el segundo, con una lluvia intermitente, el Matador se paró bien atrás y aguantó hasta que el sablazo de Lorca cambió todo. La expulsión de Mina fue una ventaja fugaz: Escobar vio la roja apenas unos minutos después. Ya cuando el tiempo se agotaba, Vila puso el exagerado 2-0 para el local, que no jugó un buen partido y se llevó una victoria que vale oro. Tigre buscaba olvidar la mala campaña en el torneo local, pero no pudo escapar de su realidad, que lo tiene a Arruabarrena en la cuerda floja.