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Esther Fadul, una “pingüina” peronista

Antigua pobladora de Ushuaia, Esther Fadul de Sobrino escribió su propia historia dentro del justicialismo. Conoció a Perón y a Evita, con quienes compartió momentos que el paso del tiempo no puede borrar.

Esther Fadul de Sobrino

(Río Grande, agosto 31 de 2011/Redacción Radio Fueguina) – Los fueguinos recibieron hoy con pesar la noticia del fallecimiento de Esther Mercedes Fadul de Sobrino, una de las figuras más prominentes y respetadas de su historia política.

Antigua pobladora de Ushuaia, hija de Barcleit Fadul y María Amado de Fadul -y hermana de la recordada maestra Juana Fadul-, tuvo la oportunidad de conocer a Juan Domingo Perón y a Evita. Con ellos militó en los años de esplendor y lo hizo por mucho tiempo más, aunque añorando al peronismo unido de otros tiempos.

Con muchas cosas para contar, las historias surgían una detrás de otra de los labios de “La Pingüina”, como la apodó el entonces coronel Perón.

Compartimos algunas de esas vivencias durante una entrevista para Radio Fueguina efectuada el 18 de mayo de 2009, tal vez la última oportunidad en que Esther Fadul habló con algún medio de Río Grande.

Con la sensación de que hablaba en tiempo presente, doña Esther recordaba con adoración a Perón y Evita, “dos personas maravillosas, después de mis amados padres”. Esther recordó que Perón “era un hombre que trabajaba con toda la gente de la calle, con los obreros, los humildes y todos ellos le decían `Coronel, qué lindo sería que usted ocupara alguna vez la Presidencia porque nos atiende con mucho cariño´” y mencionó que al escucharlos el entonces futuro Presidente “se emocionaba muchísimo y decía en voz alta `qué grandeza sería trabajar para esta gente que me atiende con mucha emoción y toda humildad”. En la sucesión de anécdotas contó que “en el año 1944 San Juan sufrió un terremoto y toda la Nación se movió para ayudar a esa provincia. Evita se movilizó y fue en un festival para recaudar fondos donde conoció a Perón”. “Eva Duarte siempre fue de ayudar a los humildes y al conocerlo no perdieron contacto alguno -recordó-. Es más, ella también lo ayudó y estuvo con él todo el proceso del 17 de octubre. Pocos días después, el 22 de octubre, contrajeron matrimonio por civil en secreto. Y así, junto al coronel Perón, trabajaron codo a codo”.

Cuando conoció a Perón y Evita

“La Pingüina” no olvida cuando conoció a Evita y al coronel: “Fue cuando Eva fundó el campeonato infantil Evita y sin conocerme me nombraron delegada del campeonato”. Entusiasmada, memoró que “entonces formé la comisión, y viajamos con chicos de Río Grande y Ushuaia a Buenos Aires para competir con el club River Plate, que nos había invitado”. Y agregó: “Como toco el piano hice una marchita a los pingüinos y estábamos con los chicos cantando nuestra canción: “Los pingüinos, los pingüinos, agradecemos a Evita y a Perón, este viaje de excursión”.

Entonces vuelve a emocionarse con los recuerdos, como aquella vez: “Fue una emoción tan grande que al conocerlos se me cayeron las lágrimas, al igual que a ellos. A los chicos los alojó en la residencia presidencial, les compró todo un equipo, fue una emoción muy grande y los chicos estaban chochos. No importó haber perdido el campeonato, nos fuimos contentos por el recibimiento que tuvimos”. Esther quedó ligada al peronismo cuando tras los juegos “me hicieron representante de Tierra del Fuego para formar el Partido Justicialista.

El nombre surgió cuando una vez Perón hizo una reunión con José Espejo (secretario General de la CGT) y otro más que no me acuerdo, y a mí me citó para asistir y sacar el nombre para el partido. Días después el coronel decidió que se llamase Partido Justicialista y así fue”. “El Partido Justicialista siempre fue para adelante y yo salí elegida en tres ocasiones diputada nacional gracias a Perón y Evita. Siendo diputada presenté 300 proyectos y en la tercera vez que me tocó Perón me pidió que lo proclamara y eso hice. Lo llevamos al Congreso y fue proclamado espiritualmente. Hoy lo extrañamos muchísimo”, añoró.

El regalo de Perón

“Anécdotas con Eva y el coronel tengo muchas”, aseguró orgullosa Esther, como cuando “la acompañaba a Evita cuando viajaba en tren a repartir colchones, máquinas de coser y todo lo que necesitaban los pobres”.

Y recordó una en particular, cuando “en 1973 Perón cumplió años y nos invitó a todos los ministros, los senadores y diputados a una comida a la residencia. Yo pensaba que todo el mundo le iba a regalar cosas hermosas. Entonces me acordé que cuando murió Evita, Canela, el perro del general, murió de tristeza”. Esther contó que “yo tenía una foto del perro. Era lunes, fui a una fábrica de juguetes y pedí que me hagan uno igualito con cuerda para el martes.

El día de la reunión fui a la residencia y le dije a los mozos que cuando le terminaran de dar todos los regalos, que le dieran cuerda al perrito y lo pusieran derechito donde esta el General y así lo hicieron”. Y continuó: “Vi que le habían regalado cosas de oro y hasta un juego de escritorio de cuero de Rusia, entre varias cosas preciosas. Cuando llegó mi regalo se levantó, le cayeron lágrimas de los ojos y preguntó `¿Quién me hizo este regalo? No se ofendan pero es el mejor obsequio que recibí´. Le dije que fui yo, entonces me abrazó, me dio las gracias y después se fue con el perrito en brazos a su asiento”.

Después llegaron los recuerdos de elecciones, triunfos y militancia. “Cuando triunfábamos en la provincia mi mamá, cuando tenía la estancia Remolino, me regalaba 50 corderitos. Yo mandaba a hacer el asado en la calle Fadul y tocaba el acordeón; ése era el regalo que le hacía a la ciudadanía”, señaló. Orgullosa, Esther destacó que “mi militancia la respetaron todos en mi familia; mi padre era radical y a mi mamá con el tiempo la hice peronista de tanto que insistí. Me ayudó mucho porque con el sueldo de diputada no me alcanzaba. Yo le pagaba el viaje y la estadía a los pobres para que se vengan a atender a Capital Federal y mamá me giraba dinero cada mes así llegaba. Es imposible de creer pero es cierto”.

El sueño de la Provincia Fueguina

A comienzos de los años 50, Esther Mercedes Fadul de Sobrino vivía en su querida Ushuaia natal, sin soñar siquiera con convertirse en una de las mujeres más destacadas del siglo XX.

Pocos años más tarde, Esther Fadul decidiría formar parte de las primeras mujeres que ingresaron al Congreso Nacional para ocupar las bancas ganadas. Este cambio en su vida, no era más que el símbolo de un gran cambio social y cultural que ya se estaba gestando desde la aprobación del voto femenino, en 1947.

La sanción de la ley 13.010, que estableció el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas, fue el trofeo de una intensa campaña encabezada por Eva Perón y fortalecida por un grupo de mujeres que lucharon por los derechos de las argentinas. Esther fue convocada por «Evita» para sugerirle que se presentara como candidata parlamentaria. Aunque esta fueguina -profesora de música- prefería la asistencia social, aceptó el desafío que más tarde la consagrara con el título de pionera.

En abril del 52 se consagraron 26 mujeres en Diputados; había tres que solo tenían el cargo de delegadas nacionales porque pertenecían a territorios, no a provincias. En el Senado ingresaron 6 mujeres. Esther, diputada en tres oportunidades, presentó «300 proyectos» que ella misma elaboraba.

«En la Comisión de Territorios Nacionales, Perón me encomendó hacer un proyecto para que las provincias que tuvieran de 50 a 70 mil habitantes dejaran de ser territorios y pasaran a ser provincias. Lo concreté, con angustia, porque mi ‘terruño’ no podía cumplir ese requisito», recuerda Esther al mismo tiempo que remarca: «los proyectos los hacía yo, y así conseguí la jubilación para las amas de casa a la que los hombres se resistían».

El sueño de la diputada Fadul se cumpliría en 1991 y ella llegó a ver cumplido su anhelo, aunque los honores tardaron en llegarle. La hoy Provincia de Tierra del Fuego le debe mucho a su actividad política, tanto como al ejemplo de vida en que se constituyó por siempre. Descansa en paz, dejó la impronta de los grandes en 95 años de fecunda labor.

Oscar D’Agostino