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Goleador no se nace: se hace

La décima fecha del torneo Clausura dejó una grata sorpresa: las conquistas de varios goleadores, delanteros de área, desde los tres tantos de Denis Stracqualursi para Tigre en la cancha de Boca a los dos de Bernardo Romeo para Quilmes después de tanto tiempo.

Todos tienen la necesidad de acostumbrarse a estar en el área contraria, enfrentar a un arquero, con la convicción y la seguridad de estar preparado para convertir un gol.

«Futbolista se nace, no se hace», suele decirse. Ahora bien: ¿qué sucede con los goleadores? Cuando era chico, todo lo que pasaba por mi cabeza, jugando con mis hermanos y mis amigos, era hacer goles. No importaba cómo era el arco: podía ser la heladera, la puerta de la pieza de mis padres o jugando un «cabeza» con los globos de los cumpleaños.

Me imaginaba los arqueros cuando estaba solo y quería meter la pelota en el ángulo; y si no era el clásico «metegol entra» todos los veranos en la canchita de la esquina, o el campeonato de penales y tiros libres que nos tenía horas y horas frente a un arco con dos árboles de palos.

Ante toda pelota que tocaba, en definitiva, pensaba la manera para que terminara dentro del arco.

En los clubes donde estuve compartí esta experiencia con mis compañeros de área y, en casi todos los casos, habíamos vivido situaciones parecidas en nuestra infancia: el deseo constante de meter la pelota dentro de algo que tuviera dos palos y un travesaño. A veces piedras, a veces buzos, imaginarse el sonido de la pelota acariciando la red era una sensación única.

El fin de semana Néstor Bareiro (Olimpo), Facundo Ferreyra (Banfield), Teófilo Gutiérrez (Racing Club), Christian Fabbiani (All Boys), Stracqualursi con sus tres goles, Romeo con dos goles después de tanto tiempo… hacer goles, para los goleadores, es como lo que aprenden a andar en bicicleta: aunque estén diez años sin agarrar la «bici», vuelven a subirse y salen andando.

Lo mismo sucedió con Gastón Fernández en Estudiantes de La Plata, Juan Carlos Menseguez en San Lorenzo, Gabriel Hauche en Racing.

Para todos ellos, y lo sé por experiencia propia, lo mismo que para todos los que alguna vez hicieron un gol, hay un sentimiento que florece y es inexplicable, único.

Por eso mismo, por la satisfacción que produce, a los chicos ya desde las Juveniles, en las escuelitas, en los clubes de baby; y también a los que llegan a Primera; hay que incentivarlos para que busquen el área rival, para que lleguen al gol.

Tuve una vez un entrenador con el que no se trabajaba la definición: solamente lo hacíamos cada tanto y por pedido de los jugadores, teniendo en cuenta que el 95% de los goles se hacen dentro del área y que el objetivo del juego es hacer un gol más que el rival para ganar el partido.

Y más debe hacerse porque en el fútbol moderno llegan a posición de gol desde todos los lugares de la cancha, defensores, mediocampistas y hasta arqueros.

Todos tienen la necesidad de acostumbrarse a estar en el área contraria, enfrentar a un arquero, con la convicción y la seguridad de estar preparado para convertir un gol. Esto se entrena todos los días. Porque goleador no se nace: se hace.

Facundo Sava