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Djokovic: una aplanadora

Ganó en Indian Wells al batir a Nadal en la final; el serbio lleva un invicto de 20 partidos y pide pista hacia el N° 1

Hace casi dos meses, en Melbourne, ingresó en la era de la madurez al conquistar su segundo título de Grand Slam. Y ayer, luego de poner de rodillas al N° 1 del mundo, Novak Djokovic demostró que es un tenista decidido a quebrar cualquier límite.

Gorra de Serbia, sonrisa ancha, Nole se asemejaba en la ceremonia de premios a aquel hombre del todo lo puede . Acababa de adjudicarse Indian Wells por segunda vez (la primera fue en 2008 ante Mardy Fish), y tenía a su lado a un hombre vencido. Era nada menos que Rafael Nadal, el rey de estos días, que masticó con hidalguía la derrota por 4-6, 6-3 y 6-2 en 2 horas y 25 minutos.

Simplemente, basta con repasar los últimos pasos para describir la marcha incontenible de Djokovic en el ATP Tour. El jugador de 23 años lleva un invicto de 20 partidos (18 en el circuito, dos en la Copa Davis), con cuatro coronaciones: la Copa Davis 2010, el Abierto de Australia, el ATP 500 de Dubai y el trofeo de Indian Wells. Su última derrota fue ante Roger Federer en las semifinales del Masters de Londres, en noviembre pasado. A partir de entonces, se transformó en una tromba imparable, sobre todo por el impulso que le imprimió la victoria en Belgrado por la Davis y algunas correcciones en el saque. Pero también hay una cuestión mental que lo hace hoy un jugador imbatible. «Ordené mi vida fuera de la cancha y se ven los resultados dentro de ella. Ahora no quiero parar; estoy listo para los desafíos que se vienen», sostiene con frecuencia Nole, que en Indian Wells consiguió el plus de arrebatarle el puesto N°2 del ranking a Federer.

Se trata del 21° título de Djokovic en el circuito y su sexto Masters 1000. Pero el panorama inicial de la final no fue nada alentador. Nadal consiguió una primera ventaja con dos breaks haciendo gala de su agresividad, un saque potente y envalentonado con una gran efectividad gracias al revés paralelo. Djokovic resoplaba. No encontraba su juego y se veía superado en todas las facetas, ante un rival en completo dominio de sus facultades técnicas y físicas.

Pero el duelo dio un giro de 180 grados. Primero, se convirtió en una batalla por el control del servicio, repleto de quiebres en ese segundo set, que llevaron a Nadal a un amago de arrojar la raqueta contra el suelo. Finalmente, sus errores no forzados nivelaron la balanza.

En el set definitivo, Djokovic apabulló con su mejor tenis. Desde el comienzo buscó las líneas, resultó demoledor con el saque y brutal desde la línea de fondo. Fue un recital de confianza y juego que contrastaba con los errores infantiles de Nadal, principalmente desde cerca de la red. El desenlace mostró al serbio mirando hacia arriba, adivinándose más cerca del cielo.