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El mundo celebró la llegada de 2011

Fuegos artificiales multicolores iluminaron el cielo de medianoche sobre la Bahía de Sydney al llegar el Año Nuevo, en un deslumbrante espectáculo que contrastó con el mensaje del Papa en el Vaticano, dirigido a aquellos que sufren.

«Sensacional, hermoso», dijo Cinthya Romo, una chilena de 32 años que vive en Sydney y que junto a 1,5 millones de personas observó el espectáculo de 12 minutos desde la Casa de la Opera, donde centenares de personas pagaron $500 cada una por la vista y una fiesta con tema playero. «Este tiene que ser el mejor lugar para estar en el mundo esta noche», dijo Marc Wilson, de 41 años.

Unas horas antes, Nueva Zelanda y muchas islas del Pacífico sur fueron las primeras naciones en saludar el 2011. Los neozelandeses cantaron y bailaron mientras esperaban la medianoche con fuegos artificiales y conciertos. En Auckland, explosiones rojas, doradas y blancas adornaron el cielo sobre el Sky Tower, mientras decenas de miles de personas gritaban y bailaban en las calles alrededor.

En la sureña ciudad de Christchurch, miles de celebrantes hicieron caso omiso a un débil sismo de 3,3 de magnitud que se sintió poco antes de las 10 de la noche y celebraron en la Plaza de la Catedral.

A medida que las agujas del reloj se acercaban a la medianoche, ciudades en toda Asia se aprestaban a celebrar con una serie de eventos, desde oraciones tradicionales en Japón hasta un enorme espectáculo de fuegos artificiales en forma de dragón en Taiwán.

En El Vaticano, el Papa Benedicto XVI aseguró el viernes que vivimos un ‘‘tiempo humano cargado de males, sufrimiento, de dramas de todo género» provocados unos «por la maldad de los hombres» y otros «derivados de los infaustos males naturales», aunque siempre aparece la buena nueva de Cristo salvador.

Ataviado con capa pluvial y mitra doradas, Benedicto XVI ofició el viernes en la imponente Basílica de San Pedro una solemne ceremonia de Te Deum de Acción de Gracias por el año que finaliza y las primeras Vísperas de la Solemnidad de María Madre de Dios, como es habitual la tarde de cada 31 de diciembre, una tradición que inició el papa Pablo VI.

En su última alocución del 2010, el Papa dirigió un recuerdo especial «a los que están en dificultad y viven entre desgracia y sufrimiento estos días de fiesta» e hizo hincapié en el testimonio de la caridad, que «posee una dimensión esencialmente teológica y está profundamente unida al anuncio de la Palabra».

En Nueva York, casi un millón de personas se reunieron en Times Square para observar el tradicional descenso de la esfera que marca el inicio del nuevo año. La grave tormenta invernal que paralizó a la ciudad parecía haber quedado atrás, luego que los trabajadores de la ciudad barrieron grandes cantidades de nieve y las temperaturas más cálidas ayudaron a derretir lo que quedó.

En Japón, miles de personas acudieron al templo budista de Zojoji, de 600 años, en el centro de Tokio, a soltar globos con notas en las que escriben sus deseos para el 2011. En Beijing, unas 500 personas se congregaron en el Museo de la Campana Antigua para tener la oportunidad de tocar la campana del año nuevo, de unas 46 toneladas.

En Europa, muchos quieren simplemente olvidarse de los problemas económicos, en un año en el que Grecia e Irlanda necesitaron rescates financieros y otros, como España y Portugal, se enfrentan a los temores de que seguirán el mismo camino.

Los españoles, como es la tradición, se reunieron en las plazas principales de los pueblos para comer 12 uvas, una por cada campanada que cuenta la llegada del año nuevo.

En Londres, miles vieron un espectáculo de música y fuegos artificiales en la torre London Eye, de 135 metros, mientras que en París muchos llenaron los Campos Elíseos y el área cercana a la Torre Eiffel.