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Joan Manuel Serrat, aún, con solidez

Joan Manuel Serrat sigue mostrando solvencia, calidad y calidez

Casi para nadie es la primera vez con “el Nano”. Una vez adentro del Gran Rex, las palmas no se hacen esperar tanto como el artista. El público está cargadísimo y el teatro, repleto. Entonces, la banda sale a escena. Dos tecladistas (uno, el de siempre: Ricardo Miralles), un guitarrista, un bajista, un baterista y una agraciada violinista comienzan a tocar. Suena Llegó con tres heridas, pero Serrat todavía no sale a escena. Comienza a cantar tras bambalinas. Hasta que, llegado el estribillo, hace su aparición triunfal con su cara, con su gesto, con su forma de caminar y con su pose de siempre. La gente lo aplaude de pie.

Continúa la canción proveniente de su último disco Hijo de la luz y de la sombra, que contiene nuevas versiones de poemas de Miguel Hernández. Y hace 37 años ya de la salida de Miguel Hernández, el primer álbum en el que el catalán supo ponerle música a la obra de este poeta. Siguiendo con las matemáticas, recordemos que este año se cumple el centenario del nacimiento del mismo.

Y por qué no, también es bueno tener en cuenta que Serrat ya cuenta 67 años de vida en su haber. Y con un cáncer a sus espaldas, sigue sólido sobre el escenario. No ha perdido más que un poco de frescura en la voz. Pero sólo eso. Y la audiencia, especialmente las chicas, se lo quieren hacer saber. Terminada la primera parte del show, en la que todos pudimos escuchar temas del viejo y del nuevo disco tributo a Miguel Hernández, Serrat canta Mediterráneo. Y cuando llega a esta parte de la letra: “Ay… si un día para mi mal / viene a buscarme la parca”, las señoras gritan desaforadas: “¡Nooooo!”.

Serrat, no te mueras nunca: Un chico de aproximadamente 14 años agita clamando el bis: “El Nano no se va/ el Nano no se va”. Su madre lo banca, al lado suyo. Y el Nano no se va. El Nano tiene programados todos los bises. Se sabe, de antemano, que va a terminar con Fiesta. Es evidente. Todos lo saben. Son pocos los que están aquí por primera vez. Entonces Serrat vuelve, canchero, a contar historias y mete Hoy puede ser un gran día.

Desde el primer bis, cada vez que se termina un tema es la misma situación. Todo el teatro se pone de pie y aplaude y pide otra. Y le gritan: “¡Genio!”, “¡Groso!”, “¡Te quiero!”. Y se acercan para depositarle al pie del escenario pequeños regalos que el Nano va recogiendo y acomodando para llevarse a casa. Y se va congregando mucha gente en los pasillos de la platea. Tanta, que ya los acomodadores no logran poner orden y se declaran incapaces y se ponen a observar.

Y Serrat vuelve otra vez y canta No hago otra cosa que pensar en ti . Vuelve de nuevo, guitarra en mano, y rasga los acordes de Penélope. Y vuelve otra vez para entonar Cantares. Y no deja de volver hasta que suena Fiesta: “Vamos bajando la cuesta/ que arriba en mi calle/ se acabó la fiesta”. Y ya todo el mundo sabe dónde queda la salida.