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Más dudas que certezas: Japón le ganó a la Argentina con todas las de la ley

En Saitama, el seleccionado cayó por 1 a 0 en lo que fue la primera derrota de Batista como DT del equipo; Okazaki, a los 18 minutos del primer tiempo, marcó el gol del triunfo; Messi fue el más destacado en un conjunto que tuvo un rendimiento deslucido.


Fue la noche japonesa en la que todo salió justamente como no debía suceder. La Argentina mostró su peor versión. Perdió por primera vez en la historia ante Japón, sufrió tres lesionados (Diego Milito, Cambiasso y Bolatti), fue un equipo sin identidad, desordenado, apurado y con pocas ideas. Como si viejos vicios hubieran regresado en esta excursión por el lejano oriente. En la primera caída en el ciclo de Sergio Batista, nada de lo que el DT pregona o intenta hacer, se vio en la cancha. Japón se dio el gusto de festejar por 1 a 0 ante el equipo de Messi, apenas una luz entre tanto gris casi negro perfil que mostró el conjunto nacional.



Se encontró ante un escenario que no hubiera imaginado jamás. Fue maniatado por el rival, se sintió impotente por no poder exponer sus argumentos y quedaron expuestas todas las imperfecciones. Y Japón supo cómo administrar la desesperación de la Argentina.



Porque el conjunto asiático, más allá de tener al experimentado Zaccheroni en el banco por primera vez, ya no es un equipo inocente. Nada de eso sucedió anoche aquí, porque los Samurai Blue tienen algunos elementos que le permiten sentirse importante ante tanta estrella vestida de celeste y blanco. Endo se encargó de manejar los tiempos, Kawaga le puso ritmo, Okazaki velocidad, Honda categoría y Marimoto potencia para confundir a los centrales argentinos: Demichelis y Milito.



La Argentina fue todo aquello que pretendía no ser: demasiada tensión para poder desplegar ese juego de tenencia de balón que pregona y que intenta imponer su entrenador Sergio Batista. Apenas algunos chispazos de talento de Messi, no alcanzaron a relajar tanto nervio, que se expresó en las desprolijidades de D»Alessandro, Cambiasso y Tevez en la mitad de la cancha y las constantes pérdidas de balón desde la última línea.



En ese contexto, Okazaki pudo cambiar por gol un rebote de Romero, tras un remate de Endo. El equipo nacional no logró relajarse y los problemas se multiplicaron: Cambiasso y Diego Milito, fueron reemplazados, por lesiones, e ingresaron Bolatti e Higuaín.



No se logró modificar sustancialmente en la segunda etapa. Sin reacción la Argentina lució desdibujada. Por el peso mismo del juego Japón se refugió en su campo, apostó al contraatque y la Argentina se quedó con el balón aunque con poco criterio para quebrar la resistencia japonesa. Logró elevar el volumen de juego con el ingreso de Pastore por D»Alessandro y Bolatti prevaleció un poco más en la mitad de la cancha.



Messi fue el arma más desequilibrante que expuso la Argentina aunque no pudo cargar sólo con el peso del partido. Asistió a Tevez, que definió sin justeza, probó de media distancia, mostró algunos arranques electrizantes, pero no encontró la compañía ni la sintonía fina que alcanzó el equipo ante Irlanda y España. Y para completar un combo en una noche demasiado cerrada: Bolatti, también se fue lesionado.



Un paso en falso. Quizá sea uno más, pero justo en medio de una situación que nadie quería. En especial Sergio Batista, en su deseo de ser confirmado como DT del seleccionado mayor. Aunque no parece correr riesgo su designación, seguramente que en la noche de Saitama no podrá decir que el equipo fue lo que él pretende.