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La insoportable levedad de la política Martinista

Varios afiliados radicales a través de un comunicado manifestaron “Da bronca…. bronca y frustración. Ver en el despacho de Ricardo Alfonsín a quienes ayer alentaban a Cobos y anteayer estaban con Kirchner; a quienes fueron expulsados de la UCR por inconducta partidaria”.



(Río Grande, 17 de agosto de 2010) – Da bronca…. bronca y frustración. Ver en el despacho de Ricardo Alfonsín a quienes ayer alentaban a Cobos y anteayer estaban con Kirchner; a quienes fueron expulsados de la UCR por inconducta partidaria; a quienes apoyaron a una lista de la Democracia Cristiana, en la que no había un solo demócrata cristiano, en contra de los candidatos electos de nuestro partido, es por lo menos intolerable.


Los mismos de siempre, los de la política del oportunismo, sin temor al ridículo, conscientes de su total falta de dignidad, dan un nuevo salto con esa gracia acrobática que se adquiere tras largos años de práctica, para ubicarse al lado de quien consideran el futuro destinatario del poder.


Incapaces de comprender en qué consiste la democracia mas allá de la simple suma de votos, se desvelan elucubrando alianzas, estrategias y discursos que poco sirven para disimular su verdadera ambición: perdurar en el poder con el solo objeto de su propio beneficio.


Ellos, que comenzaron a militar en política desde elegantes despachos, que jamás dieron algo sin recibir mucho a cambio, que se guardaron dentro de sus casas durante la Semana Santa del 86 cuando la democracia estaba en juego, pretenden convencernos a los radicales que lo que quieren poner en marcha es algo distinto a lo que ya existe, como si los conociéramos recién desde ayer, como si no los hubiéramos visto una y otra vez repetir la viejas fórmulas del éxito personal y del fracaso social.


No nos engañamos respecto a las posibilidades de un cambio en el rumbo político de nuestro partido en Tierra del Fuego en el corto plazo: Sabemos que solo si todos aquellos con autenticas convicciones nos unimos, podremos impedir que estos adoradores del pragmatismo a ultranza sigan en la conducción, apoyados en el poder que otorgan los cargos y el dinero. Pero a los radicales no nos asustan estos desafíos, sabemos que podrán vencernos pero jamás convencernos.


Y aún si perdiéramos esta batalla, tenemos la certeza que cuando el poder y el dinero se acaben, cuando no queden lujosos despachos para ocupar ni cargos que repartir, seguramente a ninguno de ellos encontrarán en un comité. Pero si estaremos nosotros, los radicales… empezando otra vez.


Como antes… como siempre.