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Una discusión dominada por la intolerancia

El debate por el matrimonio homosexual implica un cambio de mentalidad y de cultura que revierte convicciones sostenidas a todo lo largo de la historia de la humanidad. No es la intolerancia el catalizador adecuado para esa transformación.





(Río Grande, julio 14 de 2010) – La exigencia de una minoría para que se cambie una ley que hace a la organización social de la Argentina, implica -por un carril no menos trascendente- la transformación de todo un esquema de pensamiento aceptado sin titubeos durante toda la historia de la humanidad.


Sabido es que algunos sectores como la dogmática iglesia no están dispuestos a aceptar ciertos cambios, pero es igual de erróneo pretender que toda la sociedad adopte como propias convicciones de una minoría, sin una profunda reflexión y la decantación natural que todo cambio de cultura requiere.


La intolerancia de las minorías es un mal camino para transmitir a las mayorías reclamos, opiniones y necesidades que muy probablemente sean cabalmente realistas.


Pero el derecho a la duda también existe y resulta una ofensa intolerable llamar “cavernícolas” o “retrógrados” a quienes se permiten reflexionar profundamente antes de aceptar transformaciones que unos pocos años atrás eran tan impensadas como prohibidas en el seno de cualquier sociedad “decente”.


Esta intolerancia de una minoría en contra de quienes se permiten el derecho a dudar es particularmente exacerbada y promovida desde la televisión, justamente el vehículo de comunicación que más ha contribuido a la degradación de los valores en la Argentina.



Oscar D’Agostino



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