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El dolor y los jóvenes: una crónica para pensar

La muerte de una promesa de la juventud riograndense exhibe crudamente el drama de dos familias de la ciudad. Y también la indefensión de miles de jóvenes que intentan entender lo que les pasa, en medio de los errores de sus mayores.


(Río Grande, julio 3 de 2010) – La dolorosa muerte de Marianela Rago Zapata, alejada de sus padres por la necesidad de estudiar, como tantos jóvenes fueguinos, abre un capítulo de profundo dolor que debe dejar enseñanzas y no odios.


Todo el dolor de la familia de Marianela no nos exime de la necesidad de dar una mirada sobre el padecimiento del resto de los protagonistas de una trágica historia que nos espanta hoy pero que comenzó hace más de veinte años.


La crónica del enviado especial del diario Clarín a Río Grande es un urgente llamado a proteger a los jóvenes, excluir el odio de nuestras mentes, no convertir en victimarios a las víctimas y tomar medidas para que no tengamos que seguir lamentando las consecuencias lamentables de los errores de todos quienes integramos esta comunidad.




(Textual DIARIO CLARIN, 3 DE JULIO DE 2010)


Río Grande: apoyos y rechazos al acusado de degollar a Marianela


Lo único que se escuchaba era el ruido de las pisadas sobre el hielo. Sólo algún llanto ahogado, seguido por palabras de consuelo susurradas por lo bajo, se colaba de vez en cuando. Un cielo gris, en sintonía con los dos grados bajo cero que marcaban los termómetros, terminaba de darle marco al dolor de las más de 150 personas que asistieron ayer al sepelio de la estudiante de periodismo Marianela Rago Zapata (19) en el cementerio de Río Grande.


Hasta la gobernadora fueguina, Fabiana Ríos, decidió asistir. En las caras de todos se reflejaba la conmoción que sacude a esta ciudad. Pocos podían creer que esa carroza que llegó al cementerio a las 10 de la mañana llevaba a una chica nacida y criada aquí. Pero más les costaba entender que el único acusado de haberla degollado en un departamento del porteño barrio de Balvanera haya sido otro hijo de la ciudad , el hoy detenido Francisco “Pancho” Amador López (23).


La ceremonia del sepelio fue breve. Sin discursos ni bendiciones, el cuerpo de Marianela fue depositado en un nicho. Su padre, Eduardo; su hermano mayor, Matías –el mismo que encontró su cuerpo, el lunes último–; y su madre, Patricia Zapata, se abrazaron fuerte en la despedida. Como un último gesto maternal, la mujer había pedido que el cuerpo de su hija fuera envuelto en una colcha, aún dentro del cajón.


Quizás el lugar que mejor refleja las contradicciones que se veían ayer en el cementerio sea en el colegio CIERG, donde Marianela y “Pancho” se pusieron de novios hace más de tres años. En la entrada misma de su edificio, las plaquetas con los nombres de los egresados los mencionan a ambos, apenas separados por unos pasos . Debajo de la que la menciona a ella, hay unas flores.


Al lugar asiste como alumno el hermano menor de “Pancho”, Matías, que tiene 14 años. El jueves vivió una situación espantosa : a la hora de la salida del mediodía, algunos compañeros le gritaron “asesino”. El chico se abrazó a una empleada y preguntó: “¿Por qué me insultan a mí, si no maté a nadie?”. No sólo a los chicos alcanza la locura: ayer se hablaba de que los padres de los otros alumnos del 9° grado querían reunirse para pedir su expulsión .


Cuando Marianela conoció a “Pancho”, él era su preceptor. Lo habían elegido para cuidar la disciplina por su buen comportamiento como alumno , contó a Clarín un directivo del colegio. “Nunca tuvo una amonestación ni se llevó una materia. Tenía una conducta ejemplar . Lo conocemos y lo apreciamos, es muy educado”, agregó.


Según el directivo, “jamás mostró violencia ni exhibió indicios que señalaran la necesidad de tratarlo”. Hasta le habían dado una beca universitaria, señaló.


“Es un chico maravilloso”, apuntó una maestra, en el mismo diálogo con Clarín . Y explicó que la madre es la directora de la primaria del colegio, al que asisten 4.000 alumnos. Hoy está en uso de licencia porque padece una grave enfermedad.


“Todos estamos sorprendidos”, continuó el directivo, mientras comenzaban a rodearlo los uniformes amarillos y verdes de los alumnos que salían. Muy cerca de allí, en algunas calles, se veían carteles con la foto de “Pancho” y dos inscripciones: un insulto y la palabra “Asesino” .


Al colegio, cuya cuota mensual alcanza los 500 pesos, también supo asistir la hermana menor de “Pancho”, Maite. La chica tiene la edad de Marianela y vive en Buenos Aires, pero igual ayer la gobernadora Ríos prometió que le enviarían una psicóloga para ayudarla a superar el trance . Su vida no ha sido nada fácil: además de las acusaciones contra su hermano carga con el peso de que su padre fue condenado por matar a otro hijo, de sólo 20 días.