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SEMBLANZAS (XXXIX): El día que me quieras

“En tan solo unos pocos minutos, unos señores uniformados y con gorras triangulares redujeron la escena a añicos...”. Especial por Jorge Daniel Amena para radiofueguina.com


SEMBLANZAS



Por Jorge Daniel Amena (*)




El día que me quieras



Había nacido en el límite con Bolivia; piel obscura, labios gruesos y -desde luego- tenía esa mezcla de aborigen “doble” que confieren estas vecindades.


Sabía con absoluta certeza cómo preparar el queso de cabra y aquella fórmula mágica para preparar un tamal, una humita o un picante de pollo.


Muchos como él se reunían en Madrid frente a la Puerta del Sol, al lado de la fuente donde durante el día marroquíes,” sudacas” y otros desheredados del mundo toman el tibio sol del invierno incruento.


Y por la noche, sólo queda ir a dormir al Metro. Allí donde se juntan lo que “sobra” del primer mundo, donde no hay bolsas de El Corte Inglés y hay una señorita dispuesta a cualquier cosa por unos billetes. (Y las hay cada dos metros)


Entre los “socios” que compartían el sitio había alguien que no hablaba bien el castellano… solo un poco de inglés mezclado con el suahili. (El idioma madre de los dialectos africanos).


Estaban juntos, sobre los casi acerados pisos de la Calle Preciados, ofreciendo su mercancía sólo separados por el perímetro mugriento de dos alfombras que cada uno extendía como si fueran voladoras


¿Volar a dónde, para qué?


Sobre una de ellas, sombreritos collas y medias de lana del Altiplano; sobre la otra, pequeños ídolos desconocidos, provenientes del centro africano, anillos y pulseras en forma de víboras y collares de colores profundos.


Las gentes los atravesaban sin siquiera mirarlos, como si fueran solo energía.


Un argentino desencantado cantaba (paradoja) “El día que me quieras” con voz de un Gardel pequeñito, desgreñada su ropa y su voz. Una muy bajita, amplificada con un equipo de FM con una antenita miserable de alambre espiralado con una birome.


Frente a él, una latita receptaba algunas pesetas (Hoy Euros).


El día que me quieras, cantaba, y la voz se le quebraba cada tanto ante la ignorancia y el desprecio circundante.


La rosa que engalana…


Por un instante, ambos extrañan sus tierras y sus ritos, uno se ríe sin dientes y el otro, con dientes enormes, como si de teclas de piano se tratara.


Se vestirá de fiesta…


Saben algo, están en tierra extraña y no han clavado ni una espada ni una cruz, son parias de las luces de neón.


En un momento el mundo real les cayó encima, como un huracán.


En tan solo unos pocos minutos, unos señores uniformados y con gorras triangulares redujeron la escena a añicos.


Reconozco que me enojé mucho, dije cosas que no debía y grité, después de todo era Noche de Reyes y unas pocas monedas significaban un buen cocido o una rosca y ¿por qué no?, una copa de buen vino de Rioja.


Miré a una persona que se arrebujaba debajo de unos cartones, en los escalones de la Iglesia de la Virgen del Carmen, a dos cuadras de la Gran Vía.; me miró mirar y me insultó. Con razón, supongo.


Los parlantes de la radio del Gardel de inmigración se dispersaban en un ovillo de cablecitos rojos y azules.


Caminé a un bar de esos que llaman de tapas. Comienzan a limpiar la calle con mangueras de alta presión.


…con su mejor color…


Pasaron muchos años, y la cosa viene más fea de lo que parecía. La Comunidad no parece tan comunitaria, a luz que; existen pobres!!! Pisoteando el Partenón, acechando Portugal, llegando hasta la mismísima Plaza Mayor en Madrid.


Y hay desocupados.


Y lo que es entramadamente grave, es que no parecen ser africanos, ni latinos.


Caen las bolsas, (que no son las de los mercados de lujo, ni de Gucci.


En fin, son cosas de alemanes y la banca suiza.


Y un rayo misterioso…


Y esta nota que está rescrita, como las historias de todos, como la mía.


Con un final que nadie conoce.


…hará nido en tu pelo…


O sí, se conoce; pero es un final para muchos y el recomienzo para unos pocos.


…Luciérnaga curiosa…


Parados entre la multitud que pasa indiferente.


Y un micrófono de mala muerte.


Y una radio remendada.


Y una lata, con algunas monedas


Y un corazón con media suelas.


…El día que me quieras…






(*) Escritor, Abogado Constitucionalista – Ex Juez Nacional – ex Legislador provincial y Convencional Constituyente Nacional – Miembro permanante de la UNV(United Nations Volunteers) de la ONU.


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