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SEMBLANZAS (XXXIV): Cómo perder cosas

«Y un día, son retazos del tiempo enmarcados en fotos amarillentas que ya nadie mirará porque nadie se reconoce en ellas». Especial por Jorge Daniel Amena para Radio Fueguina.

SEMBLANZAS


Por: Jorge Daniel AMENA (*)




Como perder cosas



La vida está llena de cosas perdidas.


Uno vive perdiendo cosas en el camino, en el tránsito habitual del trabajo a casa y de casa al trabajo, por ejemplo, en ese cotidiano transitar (muchas veces lindante con la alienación), puede perder (entre otras cosas), hasta el mismísimo trabajo o la casa. O ambos.


Entre el ranking más popular registrado entre las cosas perdidas se encuentran: Las llaves. Aquellas que uno considera imprescindibles, y que por un mandato divino, Usted solo cuenta con UN solo juego de esas mismas.


Y que por cierto siguiendo idéntico designio pergeñado por los dioses, acaece, un sábado a las tres de la mañana., o bien un domingo al mediodía cuando el asado del cerrajero encuéntrase en el punto óptimo y usted está fuera de su casa con siete grados bajo cero de sensación térmica… y el perro ladra frenéticamente dentro de su lar.


También es usual andar desparramando documentos imprescindibles, copias certificadas de documentos incunables cuyos originales se encuentran en Kosovo, y datan de 1899…


Bufandas, que uno deja en el respaldar de la silla de un bar, para no olvidarlas, guantes, y todo aditamento portable, que se convierte en imprescindible en el mismo instante en que Usted lo pierde.


Ni qué hablar de dinero, ese que escondió en un-lugar- donde-no-pueda-ser-hallado. Ni por los ladrones, ni por usted (como corresponde).


Muchos pierden la alegría (o se la roban) en despoblado y en banda. Otros pierden los afectos o los dejan secar al rocío como pellejos colgados de los alambrados de la existencia.


Y un día, son retazos del tiempo enmarcados en fotos amarillentas que ya nadie mirará porque nadie se reconoce en ellas.


También solemos perder los varoncitos la habilidad para los deportes, a fuerza de tabaco y mal dormir.


Se suele perder el hábito de comer de muchos por la mala administración de algunos pocos.


Y se suele perder la esperanza cuando vemos que la realidad es otra diferente a las que nos cuentan.


Entonces perdemos la vocación cívica, para las alegrías de quienes hacen del poder explícito o larvado su pan de cada día. Y festejan con vino de misa la oración del yo pertenezco.


Y descubre: que solo hay que necesitar algo, para perderlo.


Y uno se encuentra un día de díos en el sitio donde muchos pernoctan con la pérdida como almohada, como diría el catalán: “sin saber qué pasa, chupando un palo sentados, sobre una calabaza”.




(*) Escritor, Abogado Constitucionalista – ex Legislador provincial y Convencional Constituyente Nacional, colaborador permanente de la ONU para Asuntos de Africa.



(Se autoriza la reproducción, citando la fuente. Rogamos informar acerca de su publicación.)



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