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Los costos imparables de la corrupción

Leer el Boletín Oficial puede ser motivo de indignación cuando se encuentran excesos inaceptables para una sociedad que estuviera libre de corrupción. Los montos exorbitantes que se pagan por publicidad en el Municipio de Río Grande tienen su justificativo inconfesable.


Al decir de Ricardo Alfonsín, la dictadura en democracia y la corrupción necesitan de la apatía y el desinterés de la gente y para ello la desinformación es un arma fundamental de quien se abusa del poder.


Conocer los excesos y tomar parte, preguntar, reclamar, es el modo como la gente debe proceder para frenar lo que no debería ocurrir. Mucho más cuando se derrocha y se desaparece el patrimonio de la comunidad mientras se lamenta una supuesta crisis profunda.


Claro que la crisis tiene su punto de partida en los desvíos de los gobernantes. La imagen es ilustrativa al respecto. Se paga por publicidad a una sola emisora de radio más de lo que se invierte por mes en acciones de ayuda social o de sostenimiento de la estructura mínima de la sociedad. Alguien debería explicar tanto derroche, a menos que los motivos sean inconfesables.


Censura, autocensura y corrupción estructural, un coctel peligroso que ha llevado a los riograndenses al peor momento de su historia. Alguien debe parar tanto abuso de poder.

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