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Honduras: Brasil teme por la seguridad de su embajada

El gobierno de Lula dijo que no tolerará ninguna acción contra la sede diplomática donde se encuentra alojado el derrocado Zelaya. Y solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU.

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(Río Grande, 22 de septiembre de 2009) – El gobierno de Brasil teme que se vea afectada la seguridad de su embajada en Tegucigalpa, donde tiene alojado al depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya. Por eso pidió una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

En una carta dirigida a los miembros del Consejo, la embajadora brasileño permanente ante la ONU, María Luiza Ribeiro Viotti, dijo que el gobierno de Lula Da Silva está preocupado «por la seguridad del presidente Zelaya y por la integridad física de la embajada brasileña y sus funcionarios».

Antes, el canciller Celso Amorim advirtió: «No vamos a tolerar ninguna acción contra las instalaciones de nuestra embajada». Entre tanto, y pese al cerco que la rodea, el gobierno de Roberto Micheletti desmintió que la policía prepare un ataque a la sede diplomática brasileña.

El presidente Lula Da Silva también se refirió a lo que está sucediendo en Honduras: «Nosotros esperamos que los golpistas no entren en la Embajada de Brasil», declaró Lula en Nueva York, al enterarse del cerco que Micheletti impuso desde temprano a la sede de la representación diplomática brasileña en Tegucigalpa.

El jefe de Estado brasileño, quien había solicitado poco antes la necesidad de que las partes negocien en función de la pacificación, dijo también que habló por teléfono con Manuel Zelaya, el presidente depuesto. En Brasilia indicaron que las reglas internacionales deben respetarse y eso significa la inviolabilidad de la Embajada por ser considerada territorio brasileño en Honduras.

Lula sostuvo también que ahora «los golpistas deben dar el lugar a quien tiene derecho a él, y que es el presidente elegido democráticamente por el pueblo». Defendió su posición de permitir la entrada de Zelaya en la embajada brasileña al señalar que «cualquier otro país democrático haría lo mismo».

Anoche Lula también se había referido a las razones políticas que lo llevaron a dar «la bienvenida» al presidente depuesto Ernesto Zelaya. En Nueva York, durante un discurso transmitido por el canal de noticias brasileño Globo News, sostuvo: «No podemos aceptar más un golpe militar».

Y llamó a Estados Unidos a actuar en forma conjunta para preservar la democracia en la región: «Creo que la posición de Estados Unidos y de Brasil es importante porque fortalece la democracia en nuestro continente» subrayó.

Para el presidente brasileño no cabe entregar a Zelaya como reclamó el presidente de facto Roberto Micheletti: «No tenemos el derecho de aceptar que alguien se crea con derecho para sacar de su cargo a una persona elegida democráticamente y coloque en su lugar otra persona por entender que es mejor».

Horas antes, el hondureño Roberto Micheletti le había exigido a Brasil que entregue al presidente depuesto Manuel Zelaya, refugiado desde media tarde en la embajada de Brasil en Tegucigalpa. El canciller Celso Amorim anticipaba la respuesta al decir que Zelaya «está ahora bajo la protección de Brasil».

El ministro se apuró a comunicarse con el secretario general de la OEA Miguel Insulza para pedirle que vele por la seguridad de la sede diplomática brasileña. Micheletti sostuvo ya entrada la noche: «Hago un llamado al gobierno de Brasil para que respete la orden judicial dictada contra el señor Zelaya, entregándolo a las autoridades competentes de Honduras».

Incluso Micheletti llegó a «responsabilizar» a Brasil por cualquier acto de violencia que pueda suceder en la sede de la embajada de Brasil en Tegucigalpa.

Amorim dijo que la presencia de Zelaya crea «un hecho nuevo» pero aseguró que él y el presidente Lula da Silva se enteraron después que el presidente depuesto se refugiara en la embajada. Según Amorim, en Brasil nadie sabía lo que estaba por ocurrir. Pero lo cierto es que hubo señales previas del gobierno brasileño, durante la semana, que al menos se pueden considerar extrañas a la luz de los sucesos de ayer.

El jueves y viernes pasado, Brasil tomó varias medidas para extremar el aislamiento del gobierno de facto en Honduras. Pasó a exigir visas a los ciudadanos hondureños para su ingreso a Brasil, cancelando unilateralmente el acuerdo de ingreso sin visado que rigió hasta ahora. Y terminó tipo de ayuda y cooperación que aún restaba como remanente de las primeras medidas punitivas adoptadas contra el gobierno hondureño de facto.