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SEMBLANZAS (XIII): Africa nuestra

Los viajes enriquecen, si uno no padece de la vaguedad del síndrome del shopping. Cuadernos de viajes, desde el estilo y la mirada reflexiva del Dr. Jorge Daniel Amena. Exclusivo para radiofueguina.com.

SEMBLANZAS


Por Jorge Daniel AMENA (*)



AFRICA NUESTRA


No se puede escribir un libro sobre un continente; generalmente los continentes son muy grandes para describirlos, en el decir de Rizard Kapusinski (Premio Príncipe de Asturias): “Son océanos, todo un cosmos heterogéneo, solo por convención reduccionista, por comodidad decimos “Africa”. En la realidad salvo por el nombre geográfico, África no existe”.


Que está claro que los viajes enriquecen, si uno no padece de la vaguedad del “síndrome del shoppping”, donde se atosiga con las mismas cosas carísimas que pudo comprar en su lugar de origen solo que embolsicada en un recipiente con muchos brillos.


Se asombra uno por la aridez de los caminos, la pobreza, la desnutrición infantil, el tráfico de drogas, su consumo callejero y su venta a quien lo desee en la vía pública, la prostitución temprana, la basura en la calle; los trenes inundados hasta los tobillos, con pequeñas olas portadoras de legiones de gérmenes y bichos de toda laya. El hacinamiento en los medios de transporte y la posibilidad (cierta) de sufrir algún robo o alguna situación desagradable y/o peligrosa.


Que se espanta ante la labilidad de los gobernantes, el tráfico de armas a países vecinos y el contrabando puente de por medio, donde compra Ud. señor desde juguetes sexuales hasta un misil de alcance –digamos- de rango medio.


Se alarma (y no lo disimula, ni un poco) al leer en los tabloides del lugar de la existencia de dictadorzuelos, o “jefes de la guerra” que despenan a machetazos a quien le toque, le roban o le lo matan sin motivo aparente o por unos céntimos de la moneda local en curso. Personajes de vestimentas extrañas o gestos ampulosos, que pregonan la liberación. Todos ellos herederos de los colonizadores del siglo XVIII y principios del siglo IX, que optaron por hacerse del poder, y como corresponde a la cultura de los clanes colocar en todos los cargos de relevancia y placeres mundanos, a toda la familia; como corresponde.


Se espanta por el apartheid aunque lo practica, no cualquiera entra a “ sus lugares”, aunque como contracara , no se animaría y moriría del susto antes de entrar a esos lugares o villorrios donde “esa” gente vive. O sea, un apartheid de ida y vuelta.


Se sonríe socarronamente (y cómplice) ante los desmadres sexuales del señor Berlusconi, mientras que (suponemos que en los ratos libres) envía una ley al parlamento donde se eleva al tipo delictual la inmigración ilegal de los “otros” o sea todos los que no son de la Comunidad Europea. Ni a Tiberio, que se la pasaba asimismo nadando en pelotas en compañía de medio Imperio se le hubiera ocurrido una legislación así, existía el Derecho de Gentes. Y claro está, lo votó en pleno en Parlamento Italiano. Eso es obscenidad; pero eso es el primer mundo.


Le aterra el sida y la infancia infectada, el no uso de condones, ni la ausencia no ya de educación sexual, sino de toda educación en lo absoluto.


La presencia omnímoda de la religión en países teocráticos, la “Sharia” o las normas del Corán, y que el Imán de turno le diga qué es moral y que no.


Qué cosas puede leer o no puede leer.


La lucha descarnada que termina en guerras civiles, por la tierra fértil (heredada de las colonias primigenias), y la exportación desde donde viene la ropa de marca con valor agregado, y se traga entonces el cocodrilo o el tiburón que la identifica. Chocho queda.


Sufre por la eliminación de las etnias autóctonas, por hambre y enfermedades del siglo XV, o por una infección dental, su explotación y la degradación circundante. Le conmueve que la pobreza solo sea un número estadístico que manejan dos personas y no una política de estado.


Pero al fin, cansado pero contento, termina su viaje, no sin antes ser abandonado, faltando 350 kms de su lugar de destino, a su suerte y verdad, teniendo que cruzar la planicie helada y desértica para arribar a su casa con 12 horas de demora , manejo en caminos imposibles, cruzar aguas procelosas y destruir el presupuesto previsto para la vuelta. En fin.


Y así uno está de vuelta en casa, le gustan las emociones fuertes y le encanta ser un viajero. Aunque puesto a pensar su próximo destino no será Buenos Aires Ciudad Autónoma, ni su Provincia, quizás pruebe con el desierto del Kalahari nuevamente, o el macizo plagado de animales del Serengeti, donde el aire es transparente, aunque como queda dicho, África no existe.



(*) Escritor- Abogado Constitucionalista – ex Legislador provincial y Convencional Constituyente provincial, colaborador permanente de la ONU para Asuntos de Africa.



(Se autoriza la reproducción, citando la fuente. Rogamos informar acerca de su publicación.)



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