·

Un mito que no divierte

Pasó lo que todos temían, que Sebastien Loeb ganara otra vez con una superioridad que abruma. El francés escribe la historia (cinco victorias seguidas), aunque ha transformado la categoría en el monólogo.

Ver, una vez más, las caras rojas marcadas por el frío de la madrugada en las sierras cordobesas sorprende. Sobre todo, porque desde hace cinco años la historia se repite y Sebastien Loeb gana con autoridad. A la gente parece no importarle y, aunque las dos millones de personas que se anuncian nunca lleguen a las sierras, los fanáticos siguen estando. Ayer, fueron testigos de cómo el francés firmó su nombre por quinta vez en el libro de Argentina, en una carrera emotiva el viernes, clásica el sábado y aburrida el domingo. < ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

Villa Giardino amaneció soleada aunque sin muchas esperanzas de ver algo de competencia. Todo estaba dicho y Loeb se erigiría, horas más tarde, otra vez como vencedor. Igual los cordobeses acompañaron en la etapa final, sin importarles que la tierra volviera a ser insoportable, quedándose en el aire al paso de los infernales A8.

La emoción apareció por el retraso de Jari-Matti Latvala (Ford) y el abandono de Petter Solberg (Citroën); no porque la gente no los quiera, sino porque ambas circunstancias posibilitaron que Federico Villagra (Ford) ascendiera hasta el cuarto lugar, sinónimo de tarea cumplida –y mucho más– para «el Coyote».

Detrás, poco. El príncipe quatarí Nasser Al-Attiyah (que no ha faltado desde 2004) repitió lo que había logrado en 2005: ganar en el N/4. Lo extraordinario ocurrió luego, con Juan Marchetto, un chico de 22 años, de Villa María, que cumplió dos sueños en uno; por un lado, fue el segundo de la clase y por el otro, sumó un punto en la clasificación del Rally Mundial.

Atrás, tercero, Marcos Ligato, que luchó contra los problemas de su Mitsubishi y los de su equipo Tango Rally Team por las desclasificaciones masivas el sábado.

En el recuento, apenas dos Citroën y un Ford en el podio. Hablamos de los autos que se van a ver al borde del camino, los famosos WRC potentes y furiosos, a los que les queda corta vida. Muy poco para una carrera que le da el marco más popular a la categoría. Pero no es culpa de Córdoba, que siempre se presenta generosa; es parte de la crisis que vive el mundo y que ha pegado de lleno en el rally, en una encrucijada que por ahora no presenta salida.

Sin saber si el año que viene habrá carrera en Córdoba (David Eli dice que hay un 60 por ciento de posibilidades), este rally no quedará en la historia por sus ribetes deportivos. Sólo el recuerdo de la magnitud de un Loeb en su máxima expresión.

Fuente: La Voz del Interior