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Cristina pateó el tablero

El adelantamiento de las elecciones significa un cambio total en el escenario sobre el cual se disputan las expectativas electorales de quienes se aprestan a disputar un cargo en el Congreso. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden en Tierra del Fuego con las nuevas reglas?.



Cuando era senadora, Cristina Kirchner postulaba con convicción aparente la inconveniencia de alterar la fecha de los comicios.



El 2 de noviembre de 2004, al defender la ley que establece que las legislativas nacionales deben celebrarse el cuarto domingo de octubre, afirmaba: «Se podría decir que es, más o menos, como el modo utilizado por los americanos. Hace 200 años, los americanos fijaron que el primer martes de noviembre habría elecciones en Estados Unidos”.



“Se quiere adoptar un sistema similar. Siempre hay que imitar lo que resulta bien”, propiciaba la por entonces senadora nacional. “El hecho de tener organización institucional no es de derecha o de izquierda; es de sentido común.».



Hoy nos encontramos frente a un cambio de opinión terminante, un giro de 180 grados y un cambio de fechas respecto del cual a nadie se consultó, para no correr riesgos de verlo frustrado.



¿Sentido común como proponía la hoy Presidenta? Pocos creen que así sea, más bien la gran mayoría opina que se actúa en base a las urgencias electorales de un kirchnerismo al que el paso del tiempo le aumenta la crisis y le disminuye el caudal de votos.



Como sea, la reforma es casi “un penal cobrado” (como se estila ahora decir en política) y a propios y extraños no les queda más que amoldarse a las nuevas circunstancias y a una necesidad imperiosa de apurar tiempos, tanto sea en plazos electorales internos como en negociaciones y acuerdos que se encuentran con el tiempo recortado a su mínima expresión.



¿Quién gana y quién pierde en Tierra del Fuego?



En primer lugar (y a pesar de la silenciosa aceptación de Fabiana Rios, que se encontraba a centímetros de la Presidenta cuando se hizo el impactante anuncio) el ARI vernáculo no parece tener motivos para alegrarse por el cambio de fecha. Si bien el efecto arrastre de la crisis nacional puede significarle la conveniencia de apurar los tiempos, lo cierto es que junioapunta aser un mes de recalentamiento de los conflictos internos, con lo que su condición de oficialismo a nivel local le puede pesar como un collar de misiles al gobierno del ARI.



Por otra parte, la lejana posibilidad de sellar acuerdos electorales con el radicalismo o con algunos sectores independientes, requería de varios meses más y un reacomodamiento de las cargas, que podría haberse dado hasta octubre pero de ningún modo antes del 28 de junio.



El peronismo, por su parte, tiene una a favor y una en contra. Para lo segundo, casi todo el PJ fueguino (con la sola excepción del riñón local del MPA) se ha identificado sin condiciones con el kirchnerismo y tendrá que pagar las consecuencias que le toquen si al oficialismo nacional le sale mal la audaz jugada, o termina de afirmar su evolución decadente, que parece acelerarse con la crisis.



Pero por otro lado, el PJ es el único partido que tiene ordenada su interna, con una fecha fijada para el 17 de mayo, que le cae justo para llegar mejor armado y con candidatos indiscutidos a junio.



Para el radicalismo, que sigue sin encontrar un rumbo y un liderazgo, quizás el adelantamiento de las elecciones le signifique tener que renunciar a una desgastante internapor parto prematuro. Condirigentes en Río Grande que ni siquiera saben si son cobistas o «radicales K»quizás debanacordar conforme los liderazgos que apenas se esbozan, respetando el lugar de un Sciurano que, en este trance, parece el único capaz de imponer condiciones en lo interno sin ser seriamente cuestionado.



Para el resto, sectores independientes, partidos chicos y candidatos nuevos (que requieren de alianzas, trajín y mucho tiempo para construir una base electoral), el acortamiento de los plazos no puede ser otra cosa que una muy mala noticia.


Excepto que crean que sobre un escenario de crisis y desilusión del electorado, cualquier propuesta renovadora tiene chances de integrar el pelotón de arriba.



“La gente quiere un cambio total de caras”, aseguran los que enarbolan el triunfo del ARI en 2007 como una señal a futuro de que los fueguinos no quieren más de lo mismo.



Lo cierto es que, desde Rawson y con su anuncio, Cristina pateó el tablero de la política electoralista y el tiempo de reacomodar las piezas para reanudar la partida recién empieza.