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El suplicio de viajar por tierra

El éxodo de fueguinos que viajan por tierra rumbo a otras ciudades del país, pone en descubierto la falta de medidas para concretar la conexión de la provincia con el continente argentino.


Salir por tierra rumbo a otras provincias en vacaciones es, desde hace muchos años, uno de los rituales más esperados por los habitantes de Tierra del Fuego. Las vacaciones son de esa forma un momento muy esperado por miles de familias que recurren a su vehículo para reencontrarse con los suyos.



El “viaje por tierra” se convierte así en una de las actividades que al menos una vez, quienes residen en la provincia han concretado junto a sus familiares, desplazándose por miles de kilómetros hasta llegar a los más distantes puntos del país.



Todo forma parte de una liturgia que en muy pocas provincias se da de forma similar a como ocurre en Tierra del Fuego. Revisar el vehículo, cargar el mate y una buena dotación de discos musicales. Tratar de que los chicos no se olviden nada. Ansiedad. Alegría. Ganas de llegar. Todo eso, en pocas horas antes de salir. Todo eso, durante el viaje.



Pero no todo es alegría y ansiedad por llegar. Hay situaciones que exceden la capacidad de tolerancia de los fueguinos cuando salen de la Isla y una de ellas es el trámite fronterizo, que por cuestiones de nuestra geografía nos vemos obligados a realizar cada vez que salimos de la provincia por tierra.



Largas esperas, malos tratos del lado argentino y de lado chileno también y reclamos insólitos convierten muchas veces un viaje de placer en un momento tortuoso para miles de argentinos que de forma obligada deben trasladarse a otro país para poder visitar a sus seres queridos.



Siempre es muy fácil decir que la culpa es de “los chilenos” pero si uno mira más allá de ese simple razonamiento se dará cuenta de que la culpa de que miles de argentinos vivan situaciones estresantes en los controles fronterizos no es, ni más ni menos, que de los propios argentinos.



¿Cómo es esto? Muy simple. Durante décadas, los funcionarios de turno le han (nos han) prometido a los habitantes de Tierra de Fuego que la conexión de Tierra del Fuego con el continente era una obra realizable.



Desde un puente que uniera esta provincia con Santa Cruz hasta un sistema de transbordadores por overcraft (de esos que se inflan como un fuelle y tienen un ventilador atrás, para ser más explícitos), hemos escuchado y tolerado los más diversos proyectos faraónicos que como suele ocurrir a menudo, nunca se concretan.



Para ellos, -los funcionarios- aquellos que viven fuera de la provincia, llegar a Tierra del Fuego es mucho más simple que para miles de personas que una vez al año desean visitar a sus familias.



Es necesario que los propios habitantes de la provincia sean los que reclamen por obras que regularmente se anuncian pero nunca se concretan. Obras que de no realizarse, nos fuerzan a sentirnos olvidados, casi como si no fuéramos ciudadanos argentinos.



De lo contrario, seguiremos tolerando el destrato propio y ajeno cada vez que se nos ocurra visitar a un familiar.