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Vivir a destiempo

Adelantar la hora al inicio del verano está probado que no ha sido una idea feliz


El adelantamiento de la hora oficial al inapropiado huso horario “-2” es una de las medidas elegidas cada año por el gobierno nacional para paliar la gravosa falta de inversión en generación de energía.



Se supone que con el corrimiento de los relojes incrementando las horas de luz solar durante la tarde, se disminuye el consumo de electricidad con el consiguiente ahorro de energía.



Como ocurre casi sin excepción en un país ultracentralista, donde todas las políticas se piensan en función del interés asentado sobre un 1% del territorio nacional, esta medida desoye rotunda y despóticamente la realidad de todo un país situado fuera de la Capital Federal.



Después de hecho el ensayo un año atrás, nadie tiene razones reales (ni aun a través de estadísticas sesgadas a conveniencia del interés oficial) para afirmar que el corrimiento del huso horario pueda acarrear beneficio alguno -de la índole que fuere- más allá de los límites de la Capital Federal, en tanto provoca perjuicios (o incomodidades en el mejor de los casos) que hacen completamente injustificable el cambio de hora.



Así lo han entendido las autoridades de -por lo menos- cinco provincias que han decidido este año respetar el orden natural, manteniendo la hora dentro de la lógica que marca la implacable astronomía, aun cuando la decisión afecte de algún modo el humor de las autoridades nacionales y las tortuosas relaciones de éstas con sus pares provincianos.



Les sobra razón a las provincias cordilleranas para resistirse a vivir a tres husos de distancia de la hora solar, pero no menos inapropiado resulta para los fueguinos, en el extremo austral, aceptar una hora oficial que nos lleva a ver el sol hasta las (fingidas) doce de la “noche” y celebrar la llegada del año nuevo casi de día, un hecho que tiene parangón en ningún lugar del mundo, por exótica que fuera su ubicación geográfica.



Vivir con el huso horario -2 implica tener la misma hora que si viviéramos en el centro del Océano Atlántico, asistiendo al mediodía solar cuando nuestros delirantes relojes marcan las 3 de la tarde.



Consultado al respecto por Radio Fueguina, uno de los expertos de la Estación Astronómica Río Grande no dejó dudas respecto de la inconveniencia de obedecer el mandato del interés porteño. Sin tanteos y sin titubeos, los científicos no tienen dudas, en Tierra del Fuego pasar al huso horario -2 (situarnos a dos horas de Londres) no tiene asidero y es causante de lógicos trastornos físicos y biológicos en los habitantes de la provincia.



Pero hay que admitir, nuevamente, que toda lógica y toda razón se desploman frente al imperio de la política y del interés económico. Citado por un diario de Ushuaia, un directivo de la Dirección Provincial de Energía prescindió de todo razonamiento ducho para advertir que “sería conveniente acoplarse al cambio de horario nacional por todos los… servicios que interactúan con el resto del país”.



Políticamente timorato y técnicamente inaceptable, el comentario sugiere que, en realidad, a su gestión y al gobierno al que pertenece no le parece adecuado desacoplarse del orden impuesto por el receloso gobierno nacional, aunque el bienestar de los ciudadanos de la provincia deba amoldarse al del “resto del país”, definición que el medroso funcionario lanza suponiendo que no son “el resto del país” las cinco o seis provincias que ya han decidido conservar una hora más racional o cree, quizás, queestas provincias no “interactúan” con Tierra del Fuego.



Aceptar el cambio de hora tiene como única razón la sumisión política,éste aparenta haber sido el motivo por el cual los funcionarios provinciales han pedido no hablar del tema, dejar que las cosas transcurran desapercibidas y si, es posible, que los relojes se adelanten solos, sin que nadie se sienta culpable.



Cien mil fueguinos durmiendo y viviendo a contraturnoparecen sermenos de temer que un ministro del Interior enojado con nuestros funcionarios provinciales.