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Más vale tarde que nunca

Cristina Kirchner reconoció finalmente que la crisis financiera mundial afectará a nuestro país y vamos a sufrir secuelas económicas y sociales. Columna de opinión de Alfredo Leuco para el programa “Qué te parece” de AM Del Plata. Por Radio Fueguina, lunes a viernes de 14 a 18 hs.

Los Kirchner ya dieron el primer paso y reconocieron que el tsunami financiero global también nos va a golpear a nosotros. En Estados Unidos la presidenta había dicho con una dosis de altanería que la Argentina estaba firme en medio de la marejada. Estaba claro que eso no iba a ser así y que no es así. Ayer Cristina, finalmente dijo que vamos a sufrir secuelas económicas y sociales. Por más cimientos fuertes que tengamos es imposible que semejante terremoto no nos sacuda con sus remezones.

Insisto, el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. Y eso los Kirchner ya lo hicieron. Les costó pero lo hicieron. Ahora tienen que dar otros pasos en el mismo sentido. Profundizar esa actitud. Seguir por el camino de la racionalidad, la responsabilidad y la prudencia. Olvidarse para siempre de la agresión y el maltrato hacia los sectores que no profesan la religión kirchnerista.

El gobierno debería hacerlo en beneficio de la calidad institucional pero también en defensa propia. Le doy un solo ejemplo. Ya terminó el paro del campo y el mundo no se vino abajo. Se lo puede comparar con el conflicto anterior que fue creciendo en su virulencia y masividad gracias a que Néstor Kirchner fue envenenando el clima y generando indignación con sus acusaciones de golpistas, comandos civiles y grupos de tareas.

El costo político que tuvo que pagar el gobierno de Cristina fue monumental. Esta vez el matrimonio se quedó en silencio. Dejó que el reclamo se desarrollara en paz como cualquier otro conflicto sectorial. Y no pasó nada. Nadie se murió. Nadie fue destituido. Ojalá el gobierno haya aprendido de su propia experiencia y traslade los mismos criterios de coexistencia pacífica al resto de las asignaturas pendientes que tiene.

Es muy difícil pensar la política sobre supuestos. Pero imaginar escenarios con informaciones ciertas sirve como ejercicio para el análisis. Supongamos que Cristina multiplique esa actitud más dialoguista. Así como homenajeó a Alfonsín o como recibió y escuchó a los hijos de Rucci o a Zulema Yoma, ¿Qué pasaría si convoca con el mismo criterio al vicepresidente Julio Cobos? ¿Que pasaría si dejan de lado las acusaciones de traidor y Judas y se ponen a recomponer la relación institucional respetando las diferencias políticas? ¿Quién ganaría si pasa eso? El gobierno, sin dudas.

Sigo: ¿Qué pasaría si la presidenta convoca hoy mismo a la Mesa de Enlace, les anticipa sus anuncios sobre el campo y les dice que se trata de una primera etapa y que está dispuesta a seguir conversando para consensuar otros planes a mediano y largo plazo que le den certidumbres y reglas del juego claras a los productores? ¿Quién ganaría? El gobierno, sin dudas.

¿Qué pasaría si el gobierno convoca a todos los partidos políticos con representación parlamentaria y les propone una agenda de estado de 5 puntos que todos se comprometen a respetar? ¿Qué pasaría si eso se hace como una forma de pararse mejor frente a la crisis que viene del norte y del centro y con miras hacia el Bicentenario? ¿Y si se hace lo mismo con las entidades sindicales y empresarias para hablar de cómo evitar suspensiones, despidos y congelamientos salariales?

Si Cristina hace eso y encima cierra filas con los países de América Latina y se piensa de qué manera todo el continente puede tomar medidas de autodefensa sin dudas que vamos a ganar todos. Insisto: yo se que es muy difícil pensar la política sobre supuestos. Pero son ideas posibles. Caminos racionales. Expresiones de deseo. Ganas de convertirnos en un país en serio donde la política sea conflicto contra las injusticias y construcción de consensos para una sociedad mejor.

Tal vez sea ingenuidad explícita de mi parte. Pero, en una de esas, ¿Quién le dice?… Hemos salido de situaciones peores. Y hemos conseguido sueños mejores.

Por: Alfredo Leuco

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