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El seleccionado argentino regala prestigio en lugar de crecer como equipo

El representativo mayor “albiceleste” mostró nuevamente un flojísimo rendimiento, esta vez frente a un rival de tercer orden como Bielorrusia, en un pretendido partido de preparación con vistas a los próximos encuentros por las eliminatorias, que sirvió más para las arcas de la AFA que para enriquecer el funcionamiento colectivo de cara al mundial de Sudáfrica

Los Juegos Olímpicos de Pekín, con el equipo conducido por Sergio Batista ya instalado en la final ante Nigeria y la disputa simultánea del torneo Apertura y < ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />la Copa Sudamericana (más la Recopa en el caso de Boca) restringieron el abanico de posibilidades de Alfio Basile a la hora de realizar la convocatoria.< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

Como en los otros encuentros internacionales en medio de la competencia oficial de los clubes, Argentina volvió a presentar un “rejuntado”, más allá de la indiscutible calidad de varios de los jugadores que actúan en equipos europeos.

Es imposible evaluar un rendimiento colectivo cuando el propio entrenador tiene la certeza de que muchos de los futbolistas que jugaron hoy en Minsk no serán titulares en los partidos por las eliminatorias.

Así, sólo se pueden analizar muy por encima algunas actuaciones individuales, con la remotísima chance de incluir a esos jugadores en encuentros por los puntos.

No estrictamente por el rendimiento ante Bielorrusia y sí por su vigencia, tal vez lo más rescatable de este amistoso fue creer seriamente en la posibilidad de que Juan Pablo Carrizo margine de una vez por todas a Roberto Abbondanzieri, quien nunca exhibió en la selección el nivel que lo consagró en Boca.

Además, Nicolás Burdisso y Fabricio Coloccini asoman hoy por hoy como los marcadores centrales titulares frente a Paraguay y Perú, ante las lesiones de Martín Demichelis y Gabriel Milito.

Y Jonás Gutiérrez aparece como una variante interesante como mediocampista externo por ambos costados, para darle forma a los tres volantes por detrás del enganche que supone el 4-3-1-2 característico de Basile.

Pero el intento por enriquecer el juego colectivo choca contra la ausencia de un reemplazante natural de Juan Román Riquelme; la obligatoria disposición de un doble cinco que a Basile le disgusta y la insistencia de colocar a un marcador central natural como lateral izquierdo, en el caso de Gabriel Heinze

Respecto de la recuperación del balón, preocupa muchísimo que el técnico haya pretendido en este amistoso reemplazar a Javier Mascherano con dos mediocampistas que no se caracterizan por su capacidad de corte, más aún en el caso de Luis González.

Asimismo, la disponibilidad de Riquelme, Lionel Messi y Sergio Agüero de tres cuartos de cancha hacia adelante en los encuentros oficiales vuelve ociosa la evaluación del rendimiento de un centrodelantero de área como Germán Denis o Fernando Cavenaghi, porque se sabe que con el trío anteriormente mencionado Carlos Tevez es número puesto como “9”.

En definitiva, el seleccionado mayor argentino sigue empeñado en despilfarrar su centenario prestigio en pos de cumplir con obligaciones contractuales, aunque éstas se presenten a contramano del calendario oficial y no contribuyan para nada al enriquecimiento del nivel del equipo.

Fuente: Telam