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Miente, miente… que algo quedará

Si no se puede o no se sabe administrar, un buen discurso siempre puede ser util, aunque este inspirado en practicas propias de lo mas perverso de la politica.


La frase que titula esta columna le pertenece a Joseph Goebbels, político alemán, quien fue el ministro de propaganda de la Alemania Nazi, figura clave en el régimen y amigo íntimo de Adolf Hitler.



Uno de los principales oradores del Tercer Reich, fue él quien pronunció el famoso discurso de la guerra total en el Palacio de los Deportes. Otra cita famosa de Goebbels, repetida hoy en día con frecuencia es: Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.



Y parece que la frase preferida de Goebbels es también la de los funcionarios municipales de Río Grande, quienes hacen de la falta a la verdad una práctica diaria con desviaciones de todo tipo que incluyen, por ejemplo, culpar de todo lo adverso a los demás, en alarde de una falta de autocrítica alarmante.



A diario se observan pruebas de ello en diversas situaciones cotidianas que requieren de la acción de quienes fueron designados en un cargo para dirigir el destino de toda una ciudad que los eligió democráticamente.



Con regularidad nos enteramos que se llevan a cabo obras cuasi faraónicas, llamadas a elevar notablemente la calidad de vida de los riograndenses. Asfalto por aquí y veredas por allá, además de planes estructurales y programas integrales son algunos de los pomposos anuncios a los que nos tienen acostumbrados.



Del mismo modo, también se nos pone al corriente de algunas falencias o situaciones fuera del control del municipio que ocurren –siempre- por la “desidia” de “vecinos desaprensivos”, “empresarios sin escrúpulos” o incluso por la “imprevisibilidad del cambio climático imperante” (sic). Nunca, pero nunca, escucharemos que algo no funciona porque no se hizo o se hizo mal.



Y valen, señor lector, algunos ejemplos que ilustran el descaro de los funcionarios municipales que a la hora de no hacerse cargo de alguna situación, siempre tienen a mano una buena excusa.



Hace un tiempo atrás nos enterábamos que había diseminados por toda la ciudad “basureros clandestinos” y que el municipio en un “denodado esfuerzo” había trabajado a destajo para recolectar esa basura que cientos de “vecinos desaprensivos” habían vertido en lugares no habilitados.



Jamás escuchamos que se hiciera mención a la falta de políticas ambientales claras, controles exhaustivos y sanciones ejemplificadoras. No hace falta irse muy lejos para observar como literalmente nos tapa la basura.



Basta con recorrer el Parque Industrial, a lo largo de la calle 25 de Mayo, para observar todo tipo de residuos diseminados en las aceras, lo que obliga a los transeúntes a circular por las calles, que además no están asfaltadas.



Otro lugar que debe visitarse es la zona de chacras en la Margen Sur, uno de los lugares de por sí más desprotegidos de la ciudad. Incluso por acción del viento puede apreciarse en la región, bolsas de residuos que llegan desde otros sectores de Río Grande.



Otro claro ejemplo, hoy muy en boga, es el estado de la mayoría de las calles –asfaltadas o no- del circuito urbano de la ciudad. En el primero de los casos anuncian con fanfarrias el cumplimiento de planes de pavimentación mientras en varias arterias principales algunos baches son casi tan viejos como la gestión de Jorge Martín al frente de la intendencia local.



La excusa suele variar, aunque a veces hemos escuchado que gran parte de la culpa la tiene el tránsito pesado, es decir camiones, que tienen prohibido circular por el ejido urbano y que no cumplen con la reglamentación.



De ser así: ¿Ud. vio alguna vez en las últimas semanas a algún inspector de tránsito una tarde o una noche cualquiera multando a un camionero que se atrevió a cruzar la ciudad por El Cano? Es más, ¿Ud. vio alguna vez en las últimas semanas a algún inspector de tránsito una tarde o una noche cualquiera?


Y ni que hablar del estado de las calles del Parque Industrial, donde no abunda el asfalto, y las quejas de los trabajadores del volante son constantes debido a la falta de mantenimiento de esas arterias que se en algunos casos se han convertido en lagunas infranqueables.



Pero como es costumbre en la municipalidad, siempre encuentran a alguien a quien atribuirle la responsabilidad de tamaña inclemencia.


En este caso, la culpa del estado de las calles en el sector industrial de Río Grande es del Creador, del Todopoderoso que gracias a su magnánima indefinición (un día llueve, otro congela, otro nieva, otro llueve…) priva a los funcionarios municipales de la posibilidad de realizar las tareas de mantenimiento que tan necesarias son en esa parte de la ciudad.



Podríamos seguir enunciando decenas de ejemplos que a diario se observan a lo largo de una ciudad que se transformó, si vale el paralelismo, en una guardia médica, donde solo se atienden los casos más urgentes y donde la labor cotidiana solo se remite a alguna foto en un diario o portal de noticias.



Miente, miente… que algo quedará, decía Joseph Goebbels. Y parece que los primeros en creerse sus propias mentiras son aquellos que las pronuncia con descaro.




Foto: Dos imagenes, tomadas hace más de un mes, que certifican el estado del Parque Industrial, mucho antes de que comenzara el invierno y se convirtiera así en la excusa ideal para aquello que no se hizo.