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Copa Davis, la importancia de formar un equipo

Los semifinalistas, Argentina, Rusia, España y Estados Unidos, son selecciones que no dependen exclusivamente de su tenista estrella.

Por eso este año está garantizada una definición entre los mejores. Los casos, uno por uno

Cuando se dice habitualmente que en la Copa Davis no importan las estrellas sino el equipo, suena a lugar común y hasta parece que la frase se basa sobre abstractos. Para refutar esa negativa sensación están los cuatro semifinalistas de la edición 2008, y en general los protagonistas de los últimos años.

Más allá de David Nalbandian, que participó en los tres puntos que sirvieron para eliminar a Suecia, no puede decirse que Argentina carezca de variantes. De hecho elegir a la segunda raqueta siempre es una complicación para Alberto Mancini –y no precisamente porque falten figuras- y en cada convocatoria las alternativas para el doble son muchas, aun cuando el capitán se inclina por llamar a cuatro singlistas, como sucede a menudo.

Una muestra de que las posibilidades son múltiples radica en la cantidad de nombres que pasaron por el equipo desde el año pasado en adelante: José Acasuso, Guillermo Cañas, Juan Mónaco, Agustín Calleri, Juan Martín del Potro, Sebastián Prieto y el mencionado Nalbandian. Juan Ignacio Chela siempre es una carta a tener en cuenta. En fin, pocos países pueden darse semejante lujo.

El próximo rival del elenco de Mancini también puede jactarse de no depender de un puñado de individualidades. Rusia es acaso el mejor equipo del mundo y los resultados están a la vista: llegó a las últimas dos finales y fue campeón en 2006. Para ganarle a República Checa acudió a Marat Safin (de pobre nivel en el circuito pero definitivamente un jugador copero), Nikolay Davydenko, Igor Andreev y Mikhail Youzhny.

Seguramente los mismos que vendrán a Buenos Aires en septiembre de no mediar problemas (también está la opción de Dmitry Tursunov) y los mismos que vinieron –a excepción del ya retirado Yevgeny Kafelnikov- en 2003, cuando Argentina se impuso por 5-0. Eso sí: hoy esos mismos protagonistas alcanzaron una madurez casi ideal, aunque también es cierto que el polvo de ladrillo sigue siendo la superficie menos deseada para ellos.

Del otro lado del cuadro aparecen Estados Unidos, el último campeón, y España, gran favorita para la serie por localía y superficie. Son los únicos equipos que tienen en sus filas al menos a dos top ten.

Los europeos, campeones en 2004, cuentan con la potencia de Rafael Nadal, número dos del mundo, y el exquisito complemento de David Ferrer (5), además de Feliciano López (especial para superficies rápidas) y su compañero de doble Fernando Verdasco. Como si fuera poco, hay suplentes de sobra y de calidad: Tommy Robredo, Nicolás Almagro y, por qué no, Carlos Moyá, que no juega desde aquel glorioso 2004.

Los norteamericanos, en cambio, no tienen tanta reserva pero sí un equipo titular bien consolidado. Andy Roddick (6) y James Blake (8) se encargan de los singles, en tanto que los hermanos Mike y Bob Bryan, la mejor pareja del mundo, son los dueños de los sábados (el último fin de semana perdieron su segundo partido en 16 presentaciones).

Las contras de este equipo: el escaso recambio (sacando a Mardy Fish y Robby Ginepri, que tienen sus años, sólo son «convocables» Sam Querrey, Donald Young y John Isner, todos jóvenes, ninguno de cualidades excepcionales), y, en lo que respecta al futuro inmediato, que la serie ante España se jugará sobre polvo de ladrillo, una superficie ampliamente desfavorable.

Para no ser exitistas…
En realidad, todos los equipos que protagonizaron los cuartos de final de la Copa Davis gozaban esta cualidad de no atarse a los resultados de una sola figura. Suecia, víctima de Argentina, dejó una buena imagen en la performance de Robin Soderling pero también en la pareja Bjorkman-Lindstedt. De haber jugado en otra superficie, seguramente Thomas Johansson también habría desarrollado todo su potencial

Por su parte, Francia cuenta con un gran futuro de la mano de Richard Gasquet, Paul Henri Mathieu, Jo Wilfried Tsonga (se bajó de la serie ante Estados Unidos por lesión) y hasta Gilles Simon y Gael Monfils, así como goza también del buen presente de Michael Llodra (ganador de dos títulos este año), quien a su vez hace pareja con el interminable Arnaud Clement (juntos vencieron el sábado a los hermanos Bryan).

Alemania también tiene una selección interesante. Philipp Kohlschreiber y Tommy Haas son los líderes indiscutidos, secundados por Nicolas Kiefer, Michael Berrer y el doblista Philipp Petzschner. Algo parecido a República Checa, que cuenta principalmente con dos buenos singlistas como Tomas Berdych (9) y Radek Stepanek.

Los contraejemplos
Muchos equipos sufren el efecto contrario: la imposibilidad de no poder formar un grupo sino apenas esperar a tres días iluminados de sus salvadores. El caso más paradigmático es el de Suiza, que tiene a Roger Federer y jamás estuvo cerca de lograr algo importante en la Davis.

Es debido a esto que el número uno del mundo sólo participa de vez en cuando en la Copa, sobre todo cuando hay que salvar a su país del descenso y en las series donde se necesita sí o sí de su presencia. El año que viene, con el nuevo sistema por el cual los jugadores sumarán puntos a su ránking personal con buenos resultados en este torneo, tal vez el helvético se vea obligado a representar a su país.

Otra buena para él: su compatriota Stanislas Wawrinka está cada vez más consolidado y por lo tanto se esperan mejores resultados de Suiza en el futuro inmediato.

Otro caso relevante es el de Australia, que en cada serie le reza al «dios» Lleyton Hewitt. El señor C»mon fue uno de los líderes del último título de los oceánicos, en 2003, aunque para entonces contaban con el buen complemento de Mark Philippoussis y el doble Arthurs-Woodbridge. Hoy, esperar que el ex Nº1 del mundo los lleve a otra consagración sería absurdo.

Se vislumbran problemas parecidos para otros equipos, caso Serbia y Gran Bretaña. Los primeros cuentan sólo con Novak Djokovic y los segundos sólo con Andy Murray. En una escala inferior podría decirse que Chipre no muestra nada interesante más allá de Marcos Baghdatis ni Perú a excepción de Luis Horna.

La Copa Davis se juega y se gana en equipo y este año está largamente demostrado. Que Nalbandian haya sido el héroe excluyente del fin de semana podría ser, al final del camino, apenas anecdótico.

Fuente: Infobae