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Boca volvió a empatar

Boca igualó con Bandfield 1 a 1 llegando a cuatro de los últimos cinco partidos locales que jugó y puede seguir alejándose de la punta

El invicto en el torneo, el ser indestructible en la Bombonera, se tiñe un poco de gris. Hoy el equipo lo sufre, no lo disfruta. ¿O alguno se fue satisfecho con otros dos puntos que volaron, de nuevo en casa? Deportivo Empatar Siempre, dirá el Toto Lorenzo de allá arriba, técnico con copyright ganador. De allá arriba, también, verborrágico y frontal como era, debe haber tirado unas cuantas puteadas hacia abajo con cada equivocación del que jugó como si fuera su Veglio en las primeras épocas de gloria, retrasado, como 10: «¡¡¡¿A qué juega usted, Castromán?!!! Déjese de joder». No fue por él, pero con él en cancha Boca regaló un tiempo. Si Gracián no es Riquelme, mucho menos Castromán es Gracián. Con un equipo con características tan ofensivas como el multicampeón del Toto, con dos volantes de ataque que van al frente y saben, ¿no hubiese sido mejor pararlo abierto por derecha en vez de exponerlo como enlace? Si lo que se necesitaba con un rival que regaló muchos metros y jugó corto en su campo era precisamente abrir la cancha, lastimar por las puntas. Y no caer en la maraña del medio de cinco volantes achicando y obligando al juego sucio, nervioso, impreciso.

En ese tiempo de regalo aparecieron esos fantasmas que dicen que en la Bombonera aparecen cuando está vacía. En el cuarto de hora que Boca perdió la pelota, que dejó de controlarla, Banfield fue superefectivo con un tic (pelotazo de Quinteros), tac (Cvitanich pasó por arriba a Alvaro), gol (definición mordida de Civelli). Y Boca con el 10 (Riquelme) en la boca del túnel, con el otro esperando en el banco, sólo movía la estantería con algún arranque de Neri y con la presencia de Palermo. Digan lo que digan del 9, con estar ahí ya requiere atención extrema y además se mueve voraz como un león, siempre está cerca del gol… por algo llegó después, cabezazo maestro. Pero ese 1-1 llegó en otra historia. Un cambio estaba programado, el de Battaglia por Vargas. El otro, que no fue antes para no incendiar al jugador, no. Con Gracián en cancha, sin haber sido uhhhhh lo que jugó, fue distinto. No por la actitud (porque a Castromán no le faltaron ganas sino fútbol y mente fría, tomar decisiones acertadas), sino porque con la confianza ganada por los últimos partidos, el Tano que conoce el puesto ayudó a jugar al resto. Armó una pequeña sociedad con Chávez, encendió al pibe, lo hizo más protagonista. Le dio otra chispa al equipo, esos toques en velocidad que se necesitan para tratar de quebrar defensas.

Con un Boca más preciso y una Bombonera empujando como en viejas noches de Copa, Banfield se transformó en Banfieldcito, había aroma a gol. Battaglia marcó la línea a seguir, ubicándose delante de mitad de cancha para presionar y recuperar. Y la tenían los de azul y amarillo, intentaban generar al toque, pasar una y otra pierna de un rival que, como otros tantos, dejó todo en manos del azar. Sin Palacio para abrir defensas jugando al filo de la línea de fondo, fue a puro empuje, con Boselli recibiendo siempre de espaldas al arco y definiendo mal dos veces, una en la que pudo girar y otro adentro del área, recibiendo de Pochi; con Palermo generador de ovaciones cerca del segundo, con Dátolo errando uno increíble contra su ex, de frente el arco, metiendo el zurdazo por arriba. ¡Lo que te habrá dicho el Toto, Jesús!

Era para ganar, fue empate, pareció derrota. Una más. Y no estuvo Palacio para echarle (mal) la culpa por los goles errados….