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Rubén Rosales, el vecino que desmiente categóricamente a la supuesta vidente del caso Sofía

Asegura que vio a Sofía esa mañana. Se mantuvo firme junto a los Herrera a pesar de las acusaciones. Su testimonio es clave para descartar las incriminaciones de la presunta vidente, que asegura que Sofía no fue al camping. Ayer colaboró con la excavación en el patio de la familia.

Llegó cansado a los estudios de Radio Fueguina. No era para menos. Había paleado por horas en el patio de la familia Herrera, luego de que María Elena y Fabián dijeran “basta”, cansados de las acusaciones de una supuesta vidente y su séquito, que acusan a los padres de Sofía Herrera de haberla asesinado y enterrado en su propio domicilio.

Su cercanía con esta sufrida familia no es nueva, todo lo contrario. Cuenta, entre lágrimas, que estuvo presente en el nacimiento de Sofía Herrera, le pequeña desaparecida en el 2008 que marcó un antes y un después en la historia de la ciudad, lacerando el corazón de la comunidad toda.

Rosales, de fondo entre los padres

Un testimonio clave

Las palabras de Rubén Rosales no son sólo anecdóticas, aunque cuesta contener las lágrimas cuando relata emocionado la vez que, mientras limpiaba el patio de su casa, ubicada al lado de la de los Herrera, salió Sofía a jugar y él le regaló una plantita.

Sus dichos sirven también para reconstruir las últimas horas que se conocen de Sofía. La propia excavación realizada ayer en la casa de calle Cambaceres responde a las acusaciones de la “vidente” Verónica Contreras, que asegura que la niña nunca fue al camping Jhon Goodall, ya que la familia la asesinó y la enterró en su casa, un día antes del fatídico 28 de septiembre del 2008.

“Ese día me levanto, había amanecido lindo”, relata Rubén, y dice que vio salir a los Herrera, Fabián María Elena y Sofía, que cargaban distintos elementos a su Meriva. “Nos vamos al campo”, le contestó Sofía Herrera al ser consultada sobre su destino. “Por supuesto que la vi”, dice el vecino, para que quede claro lo que ya declaró cuando fue citado como testigo.

“Me duele”, dice, y se llena de bronca: “Porque esta mujer (por la supuesta vidente) puede estar enferma, pero hay ignorantes que la siguen”. Mientras mira a María Elena, que también llora, suelta: “Si supieran lo que sufrió esta madre.”