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La de siempre | Pepe Eliaschev

El informe de la economía del primer semestre de 2014 está en franco descenso en comparación al mismo período del año pasado. Sé muy bien que la radio no es un formato demasiado amistoso con los números de la economía. Por eso tengo un enorme respeto y admiración por mis colegas capaces de trasladar al lenguaje […]

El informe de la economía del primer semestre de 2014 está en franco descenso en comparación al mismo período del año pasado.

 muy bien que la radio no es un formato demasiado amistoso con los números de la economía. Por eso tengo un enorme respeto y admiración por mis colegas capaces de trasladar al lenguaje radiofónico las oscuridades e incertidumbres de la economía. Pero esta noche, es indispensable respirar profundo y hacer los deberes. Es lo que les propongo, describir un panorama del que forman parte las nuevas manifestaciones públicas que hizo este 23 de julio la presidente de la Nación.

Ha terminado el primer semestre del año y ya se conocen las cifras completas del período que va de enero a junio. Lo que está sucediendo es bastante ostensible e imposible de ocultar. La balanza comercial argentina cayó el 28% en el primer semestre del año con respecto al mismo período del año pasado. La balanza comercial es la cifra que resulta de lo que vendemos y de lo que compramos. El superávit de nuestro comercio exterior es de apenas 3684 millones de dólares. Es el más bajo de los últimos dos años. En el primer semestre, con este desempeño, estamos en presencia de una realidad imposible de negar y ocultar. En el balance del primer semestre, la Argentina vendió al exterior un 10% menos de lo que había vendido – o sea, exportado – en el primer semestre del año pasado. Compramos menos, naturalmente, porque nos hemos achicado, importamos un 8% menos.

En ese mismo primer semestre enero-junio de este año respecto del año pasado, las exportaciones de productos primarios, o sea los commodities argentinos, cayeron un 31%. Y esto se explica porque la venta de cereales –la gallina de los huevos de oro– cayó, en este primer semestre, un 55%. Pero no es que esto anduvo mal y el resto anduvo bien. Las manufacturas, o sea los productos que requieren transformación industrial, lo que sale de las máquinas, retrocedieron – siempre hablando del mismo período – un 13%. En el caso del complejo automotriz, o sea las ensambladoras y fábricas de autos en la Argentina, la caída fue del 20%.

¿Qué pasó con el tanque de nafta? La venta de combustibles y energía bajaron un 12%. Era un rasgo claro de la época de las vacas gordas, porque cuando más combustible se consumía era porque había más demanda. Lo único que aumentó en este primer semestre respecto del año pasado fueron las manufacturas de origen agropecuario, que subieron un 10%, mientras que las importaciones, cayeron un 8%, producto de la disminución en el sector automotor, que fue del 35%.

Estos números son inconfundibles, innegables, indisputables. Son la radiografía de un país que ha dejado de crecer. Aquí entra la señora Presidente de la Nación. He seleccionado algunas de sus palabras al inaugurar hoy una instalación de motocicletas.

“Argentina no va a caer en default, van a tener que inventar un nombre nuevo”. Siempre el tono desafiante. De inmediato, el proverbial razonamiento oficial, como si dijeran  “no nos quieren. nos quieren doblegar. Los enemigos están al acecho”.

“La Argentina pagó y alguien lo bloquea y no deja que el pago llegue a terceros”. A continuación, el golpe de pecho: “No me van a hacer firmar cualquier cosa”.

En realidad, éste es el argumento que este mismo gobierno viene utilizando desde el 25 de mayo de 2003. Durante largos años, el portavoz de esta filosofía fue Néstor Kirchner, y la actual presidente es la más encendida partidaria de sostener que nuestros males no son responsabilidad nuestra.

“No sé cuál será el término, porque los calificadores y los técnicos siempre encuentran un término para disfrazar lo que pasa”. Adviertan la unidad de sentido: “alguien” nos bloquea. Disfrazan lo que pasa. No dejan que el pago llegue a terceros. “¿Cómo que no negociamos? Nos hemos cansado de viajar negociando con bancos y con inversores para que ingresaran a estos canjes”.

Pero, ¿no es este el Gobierno que llegó a tener un ministro de Economía que explícitamente sostenía que nunca más iba a reabrir ningún tipo de canjes con los holdouts? Ella reitera esa vieja costumbre de sostener que el país se fundó el 25 de mayo de 2003, y que todo lo que pasó anteriormente a este gobierno nada tiene que ver con ellos.

“Mi gestión pagó, la deuda que contrajeron otros”. Después da rienda suelta a la fantasía, una fantasía enardecida, casi de ribetes literarios:

“Yo le pregunto a cada uno de los argentinos, ¿a alguno le dijeron en algún diario (la vieja obsesión de Cristina, los diarios) que le iban a poner el cartelito? Los titulares de aquella época decían que todo estaba bien”.

Eso no es cierto, señora Presidente, eso es una mentira. Para el 20 de diciembre de 2001 hacía por lo menos un año largo que todos los medios de comunicación, prácticamente sin diferencias ni salvedades, sostenían que el país se caía. En el último semestre de 2001, antes de la renuncia de Fernando de la Rúa, los augurios eran absolutamente terribles. ¿Qué titular de aquella época decía que “todo estaba bien”, que no fuese en la siempre fabuladora imaginación presidencial?

Otro rasgo central del pensamiento kirchnerista: el voluntarismoEstas cifras hablan de una clara ralentización de la economía. ¿Y qué dice Cristina de esto?

“Lo que más impacta son muchas veces las expectativas malas que se generan a través de pronósticos, de profecías, de gurúes, de que todo nos va a ir mal, entonces finalmente la gente, ante el temor, retrae el consumo de bienes durables”.

Ella realmente cree, como si tuviera 20 años, que la gente deja de consumir no porque tiene menos plata, sino porque escucha a los gurúes a través de los medios de comunicación. Con un toque de lenguaje juvenil:

“Si generan mala onda, eso impacta en la compra de bienes como autos, motos y casas”.

Discúlpeme, Presidente, pero usted está en un error. La gente no deja de comprar autos, motos y casas por “la mala onda”, sino por la falta de perspectivas, imprevisibilidad, inseguridad jurídica, porque no sabemos dónde estamos parados. Mire cómo cerró el dólar hoy.

Cristina parece no aprender nunca con lo sucedido, pero todo indica, a pocos días del temido y nunca deseado – al menos no por mí – default, que seguirá enarbolando estas banderas de voluntarismo económico primitivo y de una falta absoluta de vocación por hacerse cargo de lo que corresponde tras casi once años de gobierno.

Emitido en Radio Mitre, el miércoles 23 de julio de 2014. 

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