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La deuda | Fernando Iglesias

El pago al Club de París ha sido tomado como una gran noticia por las dos ramas del partido de Poncio Pilatos: la política y la periodística, provocando brindis en directa televisiva y mensajes «opositores» de felicitación al Gobierno. Por lo visto, seguimos sin aprender nada. Seguimos sin entender el carácter delincuencial del poder que nos […]

El pago al Club de París ha sido tomado como una gran noticia por las dos ramas del partido de Poncio Pilatos: la política y la periodística, provocando brindis en directa televisiva y mensajes «opositores» de felicitación al Gobierno. Por lo visto, seguimos sin aprender nada. Seguimos sin entender el carácter delincuencial del poder que nos gobierna desde hace 25 años.

Aquí está todo lo que deberías saber sobre la deuda pero temías recordar. Un poco de Historia en un país que habla tanto de memoria, no viene mal.

1º) Cuando Cristina dice que el Gobierno kirchnerista está pagando una deuda que no adquirió miente dos veces. En primer lugar, miente porque no será este gobierno sino el que le siga el que pagará la mayor parte de los compromisos asumidos por Kicillof con el Club de París. En segundo lugar, Cristina miente porque esta deuda no la adquirió este gobierno pero sí un gobierno peronista que la duplicó a lo largo de los años Noventa, y del que ella y buena parte de los kirchneristas formaban parte, y en funciones relevantes, como gobernador provincial (Néstor) y senadora nacional (Cristina). Todo ello, sin que jamás se les haya escuchado una crítica a la política de plata dulce vía endeudamiento financiero externo que fue el corazón de la estrategia de Menem.

También se le olvida a Cristina que fue otro gobierno peronista, el del meteórico Rodríguez Sáa, el que proclamó el default de la deuda entre exclamaciones de júbilo y entonaciones desafinadas de la Marcha Peronista y el Himno Nacional, y lo hizo en la Asamblea Legislativa que Cristina integraba y Néstor presenciaba. En silencio, claro, salvo por el Himno y la Marchita. Finalmente, fue la devaluación de otro gobierno peronista, el del ex socio y santificador de Néstor, Eduardo Duhalde, el que al devaluar salvajemente hizo que la deuda pasara de ser el 61.9% del PBI en 2001 al 153.6% del PBI en 2002, volviéndose impagable. El peronismo lo hizo, Cristina.

2º) Resulta interesante analizar el pago al Club de París en la óptica nacional y popular que tanto le gusta al gobierno. Y bien, desde el punto de vista nacional, el mismo gobierno que en 2005 recortó salvajemente una deuda cuyo grupo nacional mayoritario eran los argentinos (quienes poseían el 38.4% de los bonos defaulteados) le pagó luego en dólares y por adelantado al FMI, cancelando una deuda colocada al 3% anual con dinero prestado por el Coronel Chávez al 15% anual, con un perjuicio directo para el país de casi mil millones de dólares. También el recorte mais grande do mundo efectuado por Néstor Kirchner y Lavagna se perdió casi completamente por vía del bono por crecimiento usado para garantizar la aceptación de la propuesta por los tenedores de bonos, llevando al gobierno a intervenir el INDEC en 2007 y a falsear todos sus índices con el objeto de disminuir el impacto. Default para los tenedores argentinos, pago adelantado y sin quitas al FMI. Un orgasmo de nacionalismo.

Siguiendo esa misma tradición peronista por la cual primero están los gobernantes, después el gobierno y por último el país, ahora se le pagan punitorios al Club de París, cuando los punitorios han sido creados para forzar al deudor al pago de la deuda real, y nunca se cobran si se acuerda el pago en una negociación en vez de en un juicio. Nada cuesta suponer que los 3.600 millones de sobra que vamos a pagar son el precio que puso el Club de París para que la Presidenta pueda vanagloriarse de que el FMI no interviniera en la operación. Por supuesto, la posibilidad de que en esta situación el FMI impusiera condicionalidades a la política económica era menos que nula, ya que no se trataba de una refinanciación ni de un pedido de crédito sino de un pago, y nadie que no sea estúpido le pone condiciones a quien viene a pagar una deuda. También es insultante el slogan gubernamental de la «disminución de la deuda externa», que en el marco del aumento de la deuda total sólo significa que en vez de deberle a los organismos internacionales le debemos al Banco Central y a la ANSES, es decir: a nosotros mismos y a nuestros jubilados. Una gran ventaja, desde luego.

Pero la cosa es aún peor si se la mira desde el punto de vista «popular». Mientras que la maléfica y neoliberal Unión Europea reestructuró la deuda de Chipre imponiendo el pago total hasta los primeros 100.000 euros, resguardando así a los pequeños ahorristas, el gobierno nac&pop de Néstor y Lavagna le aplicó la misma quita a los pequeños ahorristas y los jubilados que a los fondos buitre; después de lo cual canceló sin quita toda la deuda al FMI (10.000 millones de dólares); hazaña copiada hoy por su viuda, que se dispone a pagar la deuda total sin quita y con punitorios al Club de París. Repasemos: quita del 70% a los jubilados y pequeños ahorristas y pago completo y hasta con punitorios a los organismos internacionales. Un festival de progresismo…

Para no hablar de los costos de sostener el Relato, que no son sólo los de Fútbol para Todos. Mil millones de dólares para pagarle por anticipado al FMI endeudándose con Chávez a tasas cinco veces más altas. Dos mil millones de dólares pagados como bonus de crecimiento a los tenedores por haber mentido, exagerando el aumento del PBI. Tres mil seiscientos millones de dólares para evitar que el FMI intervenga en una negociación en la que sólo podía cumplir un rol formal. ¡Son seis mil seiscientos millones de dólares cuyo único objetivo es el de sostener el Relato! ¡Otra que los pocos millones de pesos que nos cuesta Fútbol para Todos!

3º) El mismo gobierno que cuando habla de economía no se cansa de distinguir entre la economía «real» y la financiera, cuando se refiere a la deuda menciona sólo su parte financiera, olvidándose de la deuda de la economía real: la social y de infraestructura. Ahora bien, según el Ministerio de Economía, a mediados del año pasado la deuda financiera ascendía a 196.143 millones de dólares, un 43,6% del PBI nacional. A pesar de la aparatosa venta de humo sobre el «desendeudamiento», esta cifra es similar a la que se debía antes del pagadios de Kirchner-Lavagna en 2005 que por una década puso al país fuera del mercado de capitales con los consiguientes efectos sobre -por ejemplo- el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria. Es menor en relación al PBI, ciertamente, pero –aun sin contar los holdouts que no entraron en el canje ni el propio Club de París- llega ya al 45% del PBI; cifra similar a la que dejó el anterior ciclo peronista a cargo de Carlos Menem.

Más importante, a esta deuda puramente financiera hay que agregarle las tres grandes deudas que este gobierno, y ningún otro, ha acumulado durante la Década Ganada: 1- la jubilatoria, de unos 50.000 millones de dólares según una estimación basada en declaraciones del Director de la ANSES, Diego Bossio; 2- la energética, ya que para volver a niveles de autoabastecimiento se requerirán inversiones por aproximadamente 120.000 millones de dólares según una estimación basada en declaraciones de Miguel Galuccio, director de YPF; y 3- los miles de millones necesarios para reparar lo que no se mantuvo ni amplió en la infraestructura carretera, ferroviaria, portuaria, habitacional, etc. del país durante diez años con el fin de alentar una nueva plata dulce y ganar elecciones que permitieran ir por todo. Estamos hablando de un total de 170.000 millones de dólares de deuda no-financiera, que sumados a los necesarios en gasto de infraestructura y a los casi 200.000 millones de deuda financiera superan ya un entero PBI nacional adeudado, lo cual deja atrás todas las cifras de los Noventa y se aproxima a las que llevaron a declarar el default en 2002 y recurrir al paga-Dios en 2005.

4º) Finalmente, el acuerdo para el pago con el Club de París es una pésima noticia a pesar de que vaya, como algunos han sostenido, en la dirección correcta. Lo es, en primer lugar, porque la estrategia de negociación no se focalizó en los intereses nacionales, es decir: en pagar lo menos posible, sino en los intereses del Gobierno; es decir, en dejar explícitamente fuera al FMI, preservando las mentiras del INDEC de ojos indiscretos y permitiendo hacer propaganda política con condicionalidades del FMI que sólo se aplican a los deudores que solicitan refinanciar y no a los que pagan hasta los punitorios. Con costos altísimos en término de los pagos que deberán efectuar futuros gobiernos.

En segundo lugar, a pesar de que cualquier futuro gobierno habría tenido que llevar adelante un acuerdo con el Club de París, el acuerdo alcanzado por el kirchnerismo es una pésima noticia porque abre una ventana de oportunidades para que este gobierno ponga a remate el único activo que en diez años de viento de cola y pésima administración de la prosperidad aún no ha liquidado: el –relativamente- bajo endeudamiento financiero. Un rápido flujo de capitales en manos de un gobierno como este sólo puede significar dos cosas: un tercer período K de plata dulce en 2014-2015 que mejore la imagen de la Presidenta mientras deja las cosas igual o peor que ahora, y una deuda aún más abultada para el país y para el gobierno que asuma en 2015. Dos pésimas noticias para la Argentina. Por otra parte, la apertura de la economía argentina al mercado de deuda internacional con la excusa del gasto en infraestructura en momentos en que los dos candidatos con mejores chances de llegar a la Presidencia en 2015 son Massa y Scioli prepara un nuevo escenario catastrófico: la de un nuevo gobierno peronista listo para armar una nueva plata dulce basada en el endeudamiento externo como el de los Noventa, que varios de sus actuales candidatos integraron.

Primero la Presidenta, luego el Relato y después el país. Si de verdad la oposición quiere hacer algo como tal debería dejar de felicitar al Gobierno, exigir que el acuerdo con el Club de París sea hecho público de una vez por todas e impulsar una ley que impida todo nuevo endeudamiento externo cuyos fondos no se dirijan completamente al incremento –repito: el incremento, ya que el dinero es un bien fungible- del gasto en infraestructura. Sería la mejor manera de cortarle el camino a nuevos populismos plata-dulcistas de cualquier signo, de meter finalmente al país en el siglo XXI y de darle trabajo a millones de obreros argentinos; que en vez de estar dedicados a construir las rutas, los ferrocarriles, los puentes, los puertos, las viviendas, las cloacas y las redes de gas y de energía que el país y sus ciudadanos necesitamos sobreviven hoy malamente fabricando pitutos en unidades productivas con tecnologías jurásicas porque al lamentable industrialismo nac&pop argento hace setenta años que no se le ocurre otra cosa.

Fuente: Infobae

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