(Río Grande, enero 6 de 2013) – La historia apareció unos meses atrás en las redes sociales y explotó, como todo aporte que pueda conmover los sentimientos. El texto, compartido por miles de usuarios de Facebook en Argentina, muestra la foto de una persona de espaldas en aparente actitud de arrimar ayuda a un hombre mendicante. El texto dice, en una de sus versiones:

”ARGENTINO, que vemos en la foto con mi hermana, es un medico que en ese lugar tuvo un accidente y se mato toda su familia, hace como 18 años, y desde entonces NUNCA SE FUE DE ALLI, vive en pésimas condiciones y de la dádiva de los que conocemos la historia, así que si pasas por el Km 1508 de la ruta que va de Piedra del Aguila a Bariloche, NO DEJES DE PARAR y dejarle algo de comida, agua, abrigo, lo que sea. Una triste historia de alguien que aun en el tiempo se sigue castigando por sentirse seguramente culpable por la pérdida de su familia. Gracias”.

El sitio al que hace referencia es un lugar de vista maravillosa, pero nada hospitalario, en medio de la estepa desértica en el este de Neuquén, casi en el límite con Río Negro.

Ya en 2001, el diario Río Negro había publicado la historia verdadera de este increíble ermitaño, pero haciendo referencia a algunas leyendas que lo rodeaban y disfrazaban con un tinte más dramático a una historia de vida ya de por sí apasionante.

Con el tiempo, el mito superó a la realidad y hoy los miles de usuarios de las redes sociales se sorprenden y conmueven con el relato y la expresiva fotografía. El diario rionegrino se sintió en la necesidad de volver a aclarar la historia, pero quizás infructuosamente, al fin de cuentas el mito siempre es más atrapante que la historia verdadera.

El siguiente es el contenido de la nota publicada este domingo en el diario Río Negro:

 

La verdadera historia del “Loco de Collón Cura”

Una buena historia puede devorarse a la realidad. Sólo basta una argumentación sólida, cierta dosis de intriga y, si es posible, alguna muerte fatal. Habrá entonces mucha voces que la repitan. Pero además de las voces están ahora las redes sociales, que son voces y también medios.

La máxima de la buena historia (que no tiene por qué ser cierta y ahí se da de narices con el periodismo) le toca a Libertador Argentino Araneda, de 62 años, a quien las voces y las redes le adjudicaron el título de médico.

Libertador está ajeno a todo, y a la leyenda, su leyenda, que, como decíamos, se extiende por las redes sociales. Y más allá.

Le dicen el médico del kilómetro 1508 de la Ruta 237 (entre Piedra del Águila y Alicura) pues se cree que hace un cuarto de siglo en ese lugar perdió a su familia en un accidente de tránsito. Y él iba al volante. Entonces mutó en ermitaño, solo entre chapas y requechos casi colgado de un precipicio en la bajada de Collón Cura.

Es este hombre una aparición en medio de la nada. Una sombra que vive de lo que le tiran camioneros y automovilistas o gente que llega hasta allí sólo por solidaridad. O simples curiosos, casi siempre solidarios.

El 11 de septiembre de 2001 (¿hay alguna catástrofe más promocionada que la de aquella fecha?), “Río Negro” estuvo con Libertador Argentino y allí el hombre reveló que no es médico, que no perdió a su familia y que no cumple penitencia alguna.

“Tenía ganas de estar solo”, dijo, casi como aquel personaje de Hollywood, que corría y corría con una multitud detrás y con medios que le daban connotaciones a aquel trote imposible de Forrest Gump. Hay algo de ese personaje inolvidable en esta historia patagónica.

Lo que pasó es simple. Un buen día Libertador, que nació en Bariloche, decidió estar solo y eligió ese rincón imposible para vivir. Y allí se quedó, y ahí vive juntando restos y bebiendo el agua de una vertiente, con viandas de colectivos y comida que le llegan desde arriba, de la ruta misma.

La historia que ya fue escrita en 2001 fue devorada por la leyenda, también relatada el 23 de septiembre de aquel año, tan increíble como las historias más increíbles. Pero a pesar de la realidad, el accidente fatal, la muerte, la pena infinita del hombre que desde entonces es una sombra puede más y se expande y crece en lugares inimaginables.

Lo ignora Libertador, barbudo y teñido por el humo de su casilla de chapas, y restos de autos y camiones que chocaron o se rompieron en ese enmarañado tramo de curvas y contracurvas. No sabe ni podría imaginar que ya es leyenda. Sólo quería estar solo.