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Salvaje agresión a jugadores de River provocó la suspensión del Superclásico 

Cuando volvían para el segundo tiempo, les tiraron gas pimienta. Hay futbolistas quemados. El plantel debió esperar casi tres horas para dejar el campo de juego.

El superclásico de vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores fue suspendido antes de comenzar el segundo tiempo y después de una hora de cabildeos, a instancias del árbitro Darío Herrera, quien tomó la resolución luego de consultar con las autoridades de la Conmebol, tras la agresión con gas pimienta sufrida por cuatro jugadores de River Plate desde la tribuna baja de Boca Juniors, cuando el encuentro se encontraba igualado sin goles.

En lo que se convirtió en un papelón para el fútbol en la Copa Libertadores, el  quedó trunco cuando estaban 0 a 0 tras el cobarde ataque que frustró el inicio del segundo tiempo.

El árbitro, recién tras 70 minutos decidió suspender el partido. Leonardo Ponzio,Matías Kranevitter y Ramiro Funes Mori fueron los jugadores más afectados de River.

Justo en el momento en que salían por el túnel para jugar el segundo tiempo, recibieron la agresión, que también afectó a otros integrantes del equipo. Con la espalda quemada por el gas lanzado desde la platea a la ventilación de la manga, Ponzio sostuvo que tenía «todo el cuerpo afectado y no solamente los ojos».

Leonel Vangioni resaltó que la «irritación en la vista es muy dolorosa», al tiempo que mostraba a la prensa su espalda enrojecida.

«Es vergonzozo, es lamentable. Los jugadores no estaban bien, es lamentable. Esperamos una hora y pico que tomaran una decisión, es lamentable», sostuvo el técnico Marcelo Gallardo.

La policía labró un acta y se llevó las camisetas que tenían los rastros del gas pimienta, ya que se realizó una denuncia.

Este papelón histórico se prolongó incluso después de consumada la medida, habida cuenta de que los jugadores boquenses se acomodaron como para seguir el partido y los de River no podían retirarse a los vestuarios porque carecían de una manga por donde hacerlo.

Si hay continuidad o no, lo decidirá el Tribunal de Disciplina de la Conmebol, con la prontitud necesaria a partir de que los cuartos de final se llevarán a cabo desde la semana próxima.

En el medio, conatos de agresión entre el presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, con Rodolfo Arruabarrena y de este insultando a su colega Marcelo Gallardo, mientras Ramiro Funes Mori, Leonardo Ponzio, Matías Kranevitter y Leonel Vangioni mostraban sus espaldas enrojecidas y sus ojos extremadamente irritados.

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Medio partido

Antes estuvo lo futbolístico, y en ese aspecto esos únicos primeros 45 minutos mostraron la peor versión de Boca, sin juego asociado, precisión y garra, y a la vez ratificaron la mejor de River, con solidez, despliegue y, principalmente, inteligencia.

Boca, ante la necesidad de revertir el 0-1 de la semana pasada en Núñez, salió a jugar con un 4-3-3, pero no tuvo ni tranquilidad ni claridad para exigir a una sobria última línea del equipo de Gallardo.

Fernando Gago, el conductor del conjunto de Arruabarrena, nuevamente quedó en deuda, ya que no logró imponer su juego.

Pero también es real que ni Marcelo Meli ni Pablo Pérez, los otros tres volantes, se acercaron para formar un circuito futbolístico.

En consecuencia el tridente ofensivo, Cristian Pavón, Daniel Osvaldo y Federico Carrizo, quedó muy aislado.

Boca fue un equipo partido, sin una idea de juego, y la mejor muestra de eso fue que Daniel Díaz, el pilar de la zaga defensiva, fue la mejor y -tal vez- única salida.

Apenas un remate de Osvaldo, que mostró algo de temperamento, a los 25 minutos inquietó a un seguro Marcelo Barovero.

River, con un 4-4-1-1, que por momentos mutó a un 4-3-2-1, hizo su trabajo a la perfección: lució sólido atrás, manejó con criterio la pelota y así impuso su ritmo a un partido chato -desde lo futbolístico-, lo que más le convenía.

El trabajo de los volantes fue fantástico: Leonardo Ponzio, el DT dentro del campo de juego, fue el guía, mientras que Matías Kranevitter y Carlos Sánchez, el autor del gol de penal en la ida, lo siguieron a la perfección.

Pero lo más importante es que tanto Sebastián Driussi como Gonzalo Martínez, dos volantes de características más ofensivas que defensivas, fueron los primeros en trabajar para recuperar la pelota.

Esa fue la máxima virtud del equipo visitante: la solidaridad. A partir de eso, jugó el encuentro que quiso. Y los cuatro del fondo no fallaron nunca.

Después, el escándalo y lo antedicho. El presidente de River, Rodolfo D´Onofrio, y varios dirigentes del club ingresaron al campo de juego (algo lógico desde lo humano, pero fuera del reglamento) y fruto de eso se generó una discusión con Arruabarrena.

Frente al escándalo, también entraron a la cancha Juan Carlos Crespi, vicepresidente segundo de Boca, y otro directivos de la institución.

Y «la frutilla del postre» para que todo sea aún más vergonzoso fue la aparición de un «drone», un artefacto tecnológico que vuela a control remoto, con un telar de la forma de un fantasma con la letra B -por el descenso de River en el 2012-, desde la tribuna baja.

La iniciación de la segunda etapa nunca se concretó. El árbitro Darío Herrera había suspendido el partido. Ahora todo quedará en manos del tribunal disciplinario de la Conmebol.

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